PIRINEOS OROGRAFÍA, BIOLOGÍA, MEDIOAMBIENTE

PIRINEOS OROGRAFÍA, BIOLOGÍA, MEDIOAMBIENTE

EL PIRINEO VIVIENTE

Pirineos en castellano, Pyrénées en francés, Pirineu en catalán, Pirenèus en occitano, Perineus en la fabla aragonesa y Pirinioak o Auñamendiak en euskera o vasco. La cadena montañosa pirenaica emerge sólidamente en el sur de Europa formando la parte extrema de un vasto conjunto continental euro-asiático. Asimismo, destaca por ejercer en la actualidad –en términos geopolíticos–, como frontera de los estados español y francés, ubicándose en ella el minúsculo estado del Principado de Andorra.

Yo soy agua, tierra, fuego, atmósfera, metal, mineral, piedra, vegetal, animal. Comprendo que existe en mi una inteligencia; tú también la tienes y no la ves.”
(Voltaire – Diccionario filosófico, 1764).
Los científicos consideran que los Pirineos, constituyen la terminación geológica o culminación occidental de un extenso conjunto de estribaciones montañosas que adoptan una clara dirección Este-Oeste a escala planetaria. Dichas montañas surgen desde el lejano y actual techo del mundo, en el Himalaya (en pleno corazón de Asia), continuando con los Montes Zagros y del Kurdistán (Mesopotamia), los Montes Tauros (Turquía o Asia Menor), el Cáucaso y los Balcanes (Europa oriental) y los Alpes (Europa central), hasta culminar en las montañas pirenaicas. Asimismo, todavía hoy es el hábitat natural de diferentes comunidades lingüísticas –con o sin estado propio– ya que en él se hablan el euskera o vasco, la casi olvidada y antigua fabla aragonesa, el occitano del mediodía francófono con sus diversas variantes, así como el catalán, el castellano y el francés. Destaca por su singularidad el caso del euskera o vasco, ya que es de las pocas lenguas catalagoda como no indeuropea que se ha mantenido en Europa y, muy posiblemente, esta antíquisima cultura esté inexorablemente ligada con este peculiar territorio montañoso colindante con el océano Atlántico. De hecho, en la rica y variada toponimía local que discurre desde Catalunya, pasando por Aragón hasta Navarra y Euzkadi, como también por los distintos territorios de la vertiente francesa (Rosselló catalán, Aude, Ariège, Cominges, Bigorre, Bearn e Iparralde vasco), encontramos, de forma abundante, términos locales de clara raíz vasca o euskera.

La descripción física de la cadena pirenaica se asemeja o se perfila como una espina dorsal montañosa que se extiende a lo largo de unos 440 kilómetros desde el mar Mediterráneo en el cabo de Creus o golfo de Roses (L´Empordà), hasta llegar al golfo de Vizcaya o Gascuña con el cabo Higuer (Euzkadi), extendiendo sus dominios montañosos hasta las mismas puertas del Valle del Ebro en el sur, en la ancestral Iberia y por el norte, hasta las amplias llanuras aquitanas o gasconas de la antigua Galia con una anchura aproximada de 150 kilómetros.

Sobre la formación y la estructura de los Pirineos, según las teorías del francés Pierre Choukroune en los años 60, su levantamiento final tectónico surgió hace aproximadamente unos 80 millones de años al converger o colisionar la subplaca ibérica y la placa continental europea. De tal manera que, hoy en día, se sabe que el polo de rotación de la remota subplaca ibérica se sitúa curiosamente en la zona parisina. Otra peculiaridad viene dada por la prolongación telúrica y tectónica pireanica que se produce a lo largo de las estribaciones paralelas al mar Cantábrico, hundiéndose más allá de las costas de Galicia, lo que técnicamente se conoce como “las anomalías 6 y 13 del Océano Atlántico”, acaecidas en tiempos remotos, hace unos 150 millones de años, cuando se liberó de la influencia de la placa norteamericana. Algunas de sus cumbres más conocidas sobrepasan los 3.000 metros de altura, entre ellas destacan el Aneto (3.404 mts.), Posets (3.375 mts.), Monte Perdido (3.355 mts.). Posee una clara disimetría norte-sur donde sus pendientes son más acentuadas en la vertiente norte que en la sur. Longitudinalmente, su disimetría es más suave hacia el mar Cantábrico en el Océano Atlántico y en cambio, mucho más abrupta en dirección hacia el Mediterráneo.

Los Pirineos se nos presentan casi como una perfecta barrera montañosa rectilínea. Sus vías tradicionales de penetración han sido desde tiempos inmemoriales los poros o pasos vasco y catalán, situados en ambos extremos. Recientemente, en pleno inicio del siglo XXI, gracias a las nuevas tecnologías de ingeniería se han abierto dos modernos túneles centrales, en el Valle de Arán y en el Puerto de Somport, sin olvidarnos de los ya existentes del Cadi-Puymorens y Bielsa, que facilitan el acceso automovilístico entre ambas vertientes. En cambio, la única vía ferroviaria transpirenaica central, que se abrió a principios del siglo XX entre el Estado español y francés, que unía las poblaciones de Canfranc y Oloron-Sainte Marie está en rotundo desuso desde hace varias décadas y se mantiene con serias dudas entre Puigcerdà-La Tour de Carol. Todo lo contrario sucede entre Perpignan-Figueres y Hendaye que ya canalizan los trenes de alta velocidad con la red central europea.

Los Pirineos son un gran espacio natural de una inmensa importancia científica, donde se presentas diversas biocenosis que sintetizan en forma esquematizada la Naturaleza del continente europeo. Los Pirineos son un ecosistema de carácter geológico y biológico donde la incidencia humana también ha dejado huella a través de diversos eventos. Destacan, muy particularmente, las épocas prehistóricas del arte rupestre pasando por la brillante arquitectura del románico así como del legado cultural de los diferentes caminos jacobeos que la transcurren procedentes de tierras galas. Asimismo, no podemos pasar por alto uno de los episodios más cruentos y horripilantes del movimiento cátaro como fue el sitio de Montsegur, acaecido en plena Edad Media. Finalmente no podemos dejar de lado la incidencia de las tecnologías modernas de nuestra actual era con la implantación de grandes explotaciones hidroeléctricas así como de los grandes equipamientos turísticos del ski en las altas cumbres pirenaicas y de los incipientes deportes de aventura como el rafting y el descenso de los ríos pirenaicos.

Los Pirineos también poseen un bagaje mitológico muy importante ya que muchos accidentes orográficos así lo delatan: Pirene, Titanes, la brecha de Roldán, Els Encantats, la Muller Dormita en el valle del Tena, El Gigante de Guara El Gratal… El mismo origen etimológico de los Pirineos nos lleva al mito de Pirene y Hércules. Así, Pirene, la hija del legendario rey ceretano Bebrix, regente del gran valle situado en la actual Cerdanya catalana y Hércules, el héroe semi-divino procedente de la lejana Grecia –punto primordial de entrada de la cultura indoeuropea en el continente europeo–, se funden en el episodio de su legendario décimo trabajo. Al morir la joven princesa, cuentan algunos relatos que el mismo héroe Hércules la enterró bajo una tumba o mausoleo formado por grandes rocas amontonadas en Lombrives en Ussat (Ariège), dando origen a la formación montañosa de los Pirineos. Otros relatos, en cambio, cuentan que su cuerpo fue colocado sobre una hoguera cuyo fuego impregnó las montañas, de manera que los primeros colonos griegos, establecidos antaño en el golfo de Roses (Girona), llamaron Pirineos a las montañas cubiertas por las llamas (del antiguo griego pyr o fuego).

Llegados aquí, cabe interrelacionar esta ancestral raíz etimológica indoeuropea pyr con otra cadena montañosa en Bulgaria (nación eslava e indoeuropea colindante con la griega), llamada curiosamente Pirin y al dios eslavo del rayo y del trueno llamado Perun, nombres todos ellos muy relacionados con el fuego. Actualmente sabemos que el nombre más ancestral de los Pirineos es Auñamendiak utilizado por la remota cultura euskalduna o vasca, topónimo relacionado con el Pico de Anie (también llamado Ainhie, Aña o Ahunemendi). Esta montaña sagrada de los antiguos vascones, situada actualmente en territorio del Bearn, se relaciona en el ámbito mitlógico con la residencia de la divinidad Janua-gorri llamado también Señor rojo o su variante femenina Iona-gorri ligada con la gran diosa Mari, la cual también regenta curiosamente, las tormentas y los rayos (relacionado con el elemento fuego). Aparte de su múltiple y exótica riqueza mitológica –que vamos a detallar en otro artículo–, querría resaltar que los Pirineos también están relacionados con el mito por excelencia como es la leyenda del Santo Grial. Dicho mito lo encontramos en San Juan de la Peña (antigua Jacetania), en Montsegur (Ariège) y en Montserrat (Catalunya). El pireneista Claude Dendaletche se pregunta si esta última montaña puede también considerarse pirenaica, como un posible remoto o extremo pequeño apéndice pirenaico, que se funde o mezcla con la cadena montañosa costero-catalana.

Actualmente los Pirineos están inmersos en una modernidad devastadora que parece irreversible y que ha provocado muchos cambios en su propio ámbito geográfico. Desde hace millones de años, los Pirineos han sido un gran espacio o hábitat vivo de modo que debemos ser conscientes que esta gran área natural, es un diminuto reflejo del Planeta Tierra, ente vivo donde todos los componentes naturales han llegado a converger en grado máximo, desde las simples rocas o sus impresionates cumbres hasta los frondosos espacios boscosos o la multiplicidad y diversidad de fauna que lo habitan. Sin duda, la presencia humana que en el transcurrir de estos últimos años ha ido, desgraciadamente, alterando su equilibrio natural de manera extremadamente inconsciente, creyendo que la modernidad puede conducir hacia un mundo cada vez más tecnificado y artificial obviando la casi perenne vida natural. Así, las rocas pirenaicas conforman el armazón físico de la cordillera; el agua y el hielo configuran su constante dinamismo; el aire y las tempestades liberan sus energéticas sensaciones; y la presencia humana se expresa como elemento ígneo inteligente que se autodescubre observando el mundo mineral, vegetal y animal pirenaico. Es hora que el ser humano entienda y sea consciente que sin esa vida natural, creada hace millones de años, no hay futuro para la Humanidad. Para la protección de la vida en el Planeta y también en este remoto espacio resulta imprescindible valorar, en su justa medida la existencia de este un auténtico y real Pirineo viviente. Lo hallamos casi a las puertas de nuestras mismísimas casas donde la montaña, el bosque, los animales y el ser humano con sus mitos ancestrales reflejan la auténtica esencia pirenaica, en definitiva, la vida misma.

FORMACIÓN Y GEOLOGÍA


––––––– TABLA DE LAS ERAS GEOLÓGICAS:

MILLONES DE AÑOS – – ERA – – – – – – – – – – SISTEMA

570 – 510 – – – – – – – Paleozoico (Primario) – Cámbrico

450 – – – – – – – – – – Hercínico – – – – – – – – Ordovícico

410 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Silúrico

375 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Devónico

275 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Carbonífero

250 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Pérmico

225 – – – – – – – – – – Mesozoico (Secundario) – Triásico

175 – – – – – – – – – – Alpino – – – – – – – – – – Jurásico

90 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Cretácico

50 – – – – – – – – – – – Cenozoico – – – – – – – Paleógeno

10 – – – – – – – – – – – (Terciario) – – – – – – – Neógeno

01 – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Cuaternario

––––––– Fuente: Anchel Belmonte Ribas

Los Pirineos son una cadena montañosa muy estudiada, ya en siglos anteriores ha atraído el interés, tanto en el lado ibérico como en el galo, para conocer el enigma de su formación y también de geógrafos y geólogos de otras de nacionalidades. Al igual que en los Alpes, han desfilado por los Pirineos un sinfín de grandes maestros que también han creado escuela. En crónicas antiguas se habla de un primer intento de alcanzar la cima del Pico del Midi d´Ossau por parte de una expedición auspiciada en el año 1591 por Foix Candale, obispo de Aix. También en los años que van del 1671 al 1672 Louis de Froidourinvestigó sus enormes masas forestales. Asimismo, en 1719 se realizó el primer documento cartográfico, no exento de errores, realizado por Roussel y La Blottière. Posteriormente, Ramond de Carbonnières conquistó en el año 1802 el Monte Perdido llegando a ser el sabio genial que necesitaban los Pirineos ya que fue profesor de Historia Natural en la Escuela Central de Tarbes, perteneciendo a la nueva generación de los grandes enciclopedistas y se le comparó con Jean-Jacques Rousseau ya que tenía conocimientos extensos de geología, botánica i geografía. Junto con el botánico tolosano Picot de Lapeyrouse, ambos fueron los primeros estudiosos de la flora de la zona alpina. Por otro lado, no se puede olvidar a Friedrich Parrot, médico y cirujano alemán de Karlsruhe que recorrió los Pirineos desde Saint Jean de Luz hasta Perpignan en el año 1817 por puro amor a la ciencia. Asimismo, el gran viajero inglés lord Henry Russel, nacido en Toulouse, de padre irlandés y madre gascona, quien junto a su amigo Charles Packe publicaron la primera guía de alta montaña pirenaica titulada Guide to the Pyrennees.

Más cercano a nuestros tiempos actuales destacan el profesor Pere Montserrat Recorder, licenciado por la Universitat de Barcelona quien ha desarrollado su labor científica en los últimos decenios en el Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca a través de un exhaustivo estudio de la botánica pirenaica junto con el vasco francés, Claude Dendaletche, profesor de la Université de Pau en el Bearn quien es una auténtica referencia mundial en el ámbito del ecosistema pirenaico. Finalmente, entre los escritories clásicos que se han sentido atraídos por los Pirineos hay que destacar a Victor Hugo con su viaje realizado en el año 1843 y también al gran poeta catalán mossen Cinto Verdaguer quien escribió el poema épico Canigó.

La historia geológica de los Pirineos es extensa, ya que se remonta a unos 600 millones de años. Así, sus estribaciones más antiguas como el macizo oriental del Canigó y Astón, pertenecen a la era del pre-Cámbrico. A través de la orogenia podemos estudiar la tectónica de las diversas placas terrestre de forma que podemos testificar el levantamiento de dos cordilleras pirenaicas en el transcurso de distintas eras geológicas. Por tanto, se deduce que a finales de la Era Primaria ya existía un Pirineo incipiente, mucho más modesto que el que conocemos actualmente y que fue coetáneo con la formación de la Meseta española, el Macizo Central francés i el Macizo catalano-balear conformando la extensa Sierra Herciana que se extendía a través de la Europa central, desde Inglaterra hata Rusia. Con el paso del tiempo, el Pirineo y su historia geológica irán sufriendo de forma sucesiva distintos hundimientos y levantamientos, todo ello acompañado de invasiones y regresiones de mares y océanos. Sabemos a ciencia cierta, que a principios del Paleozoico, el mar ocupaba el espacio que hoy detenta el ámbito pirenaico. En el relieve actual pirenaico encontramos diversas huellas de tan ajetreado pasado. Su formación final vendrá marcada definitivamente a mediados de la Era Terciaria.

De todas estas antiguas eras, hay que resaltar que de los períodos Cámbrico y Ordovícico se encuentran afloramientos de cuarcitas y pizarras en los altos valles de Bielsa y Aura (Aure). Ejemplos tectónicos del Silúrico los podemos hallar en el valle de Tena, con parches pizarrosos llenos de diminutos fósiles que se extienden hacia el este alcanzando los valles de Benasque. En la zona central se encuentran diversas rocas del Devónico a través de sus calizas marinas blancas, habitualmente repletas de fósiles corales y otros conocidos como trilobites ya del todo extinguidos. Lo podemos comprobar en las calizas de Peña Foratata (Valle de Tena), en el Bearn o en el Macizo de la Almunia, del Alto Sobrarbe. De aquellos tiempos hemos de tener en cuenta el clima subtropical que reinaba con extensos arrecifes provenientes de los corales formados en aguas cálidas, limpias y poco profundas, similar a la gran barrera coralina del actual continente australiano. En el Carbonífero se producen cambios que provocan que la influencia marina vaya menguando. Se constata la aparición de cuencas pantanosas donde una rica vegetación dará paso a diversos depósitos de carbón cuya explotación se llevó a cabo hasta no hace muchos años. Posteriormente, hace ya alrededor de 300 millones de años, se forma en el planeta un gran “megacontinente” debido al acercamiento de las placas tectónicas que provocarán diversas colisiones que conllevarán el levantamiento de diversas cordilleras como producto de una única gran masa conocida como Pangea “una sola tierra”. Así en pleno Período hercínico va a formarse la gran Cordillera Hercínica cuyos posteriores restos encontramos actualmente diseminados en Occidente tanto en la península Ibérica, Islas Británicas o el centro de Europa. Todavía no podemos confirmar con propiedad de los actuales Pirineos, pero sí de una importante parte de las estribaciones pirenaicas van a aprovechar estos primeros surgimientos orogénicos para consolidar un primer armazón sólido y consistente. Tampoco en el Jurásico y Cretácico, el ámbito pirenaico permanecerá estático, ya que hace unos unos 85 millones de años comienza poco a poco el levantamiento de las actuales montañas pirenaicas. Así empezó por el Este la colisión Iberia-Europa, que en los próximos millones de años irá extendiéndose hacia el Oeste formando el Golfo de Bizkaia o de Gascuña. Los mantos de corrimiento más ancestrales los encontramos hoy en el Collado de Boixols en pleno territorio prepirenaico leridano. A partir del Maastrichtiense, en torno a 65 millones de años, se manifiesta con absoluta fuerza la llamada Orogenia Alpina, que dará lugar al nacimiento del Himalaya, los Andes, los Alpes o los Pirineos, entre otras cordilleras importantes.

La cordillera pirenaica forma parte de la Orogenia Alpina, la última hornada del levantamiento tectónico ya que es simultánea a la de los Andes, el Himalaya y los Alpes que a, a pesar de tener mayor volumen y alturas mas cualificadas, todas ellas continúan aún en pleno desarrollo y paulatino ascenso a pesar de ser mínimo. Aunque sea de forma casi imperceptible, el Pirineo sigue agitándose casi inapreciablemente, pero la señal inequívoca de todo ello son los terremotos y los últimos movimientos de magnitud 3,6 (Escala de Ritcher), en el año 1999 en el valle navarro del Baztán, o de 4,9 con epicentro en Tarbes en el año 2002. A pesar de ello, lo que actualmente mas predomina en el ámbito pireniaco es el fenómeno de la erosión. Su labor constante y continua es como la obra de un paciente artista que se dedica a esculpir esta gran monumento rocoso que las placas tectónicas han erigido en el transcurso de los últimas fases orogénicas

¿Hacia dónde deriva el Pirineo? ¿Cuáles son sus límites territoriales? Para acotar la cordillera pirenaica, lo más evidente y simple es limitarla tanto por el Norte como por el Sur donde queda perfectamente definida, por un lado, por las extensas llanuras de la Aquitania y en el otro, por los somontanos ibéricos que van a parar a la gran cuenca del río Ebro. Para acotar la cordillera por el Este, debemos desplazarnos hasta los territorios provenzales de Francia donde las estructuras pirenaicas colisionan con las propias de los Alpes. Hasta aquí, los límites quedan muy definidos. Pero, la sorpresa se localiza en el Oeste, ya que el concepto clásico geográfico que explica que el Pirineo va del Mediterráneo hasta el Cantábrico no encaja, ya que las montañas de la cornisa cantábrica (sean vascas, cántabras, asturianas o gallegas) también pertenecen, en tèrminos geológicos a los Pirineos, cuya prolongación se hunde en el lejano punto conocido como “Anomalía magnética nº 13”, en pleno oceáno Atlántico allende el territorio gallego. De tal manera que el Pirineo vendría a tener una asombrosa longitud que ronda los 1.500 kilómetros, mucho más allá de los estrictamente visibles 435 kms. que ensamblan la península ibérica con la Europa continental.

La zona axial del Pirineo viene a ser la auténtica espina dorsal de la cadena. Las más altas cumbres quedan englobadas dentro de la zona axial propiamente dicha donde destacan el Aneto, el pico mas elevado con unos 3.404 metros, dentro del gran macizo de La Maladeta. Tal como hemos descrito, sus imponentes moles han sufrido dos fases orogéncias distintas, de modo que presentan un aspecto muy plegado y fracturado y con frecuencia, resulta difícil distinguir donde acaba el período hercínico y donde empieza el alpino.

––––– UNIDADES ESTRUCTURALES DEL PIRINEO

DEPRESIÓN DE AQUITANIA (FRANCIA)

Pre-pirineo francés:

– Pequeños Pirineos (Les Corbières)

– Depresión o prepirinaica

– Sierras interiores y macizos paleozoicos satélites

Pirineo:

– Zona de fricción

– Zona Axial

– Región de los Ríos Noguera

Pre-pirineo español:

– Sierras Interiores

– Depresión Mediana

– Sierras Exteriores

Depresión del Ebro (España)

––––– Fuente: Lluís Solé Sabaris

LA RED HIDROGRÁFICA


La ordenación general de la red hidrográfica pirenaica, viene marcada en general por la orientación pendular orográfica, hallándose dividada a grosso modo en dos mitades muy bien definidas. Las aguas de la vertiente Norte se deslizan hasta alcanzar las llanuras de Aquitania y las aguas de la vertiente Sur fluyen hacia las depresiones del Valle del Ebro. En el Norte encontramos los ríos Adour y Garona que bañan las tres cuartas partes de la vertiente atlántica y recogen las aguas de otros afluentes. Lo mismo ocurre en el Sur con el Ebro y sus afluentes pirenaicos que vierten en él sus aguas hasta alcanzar el mar Mediterráneo. Sólo en los extremos de la cordillera hallamos condicionantes hidrográficas distintas. En el extremo oriental, debido a dos grandes cimas como el Puigmal y el Canigó, surge una pequeña red de cursos fluviales de corto recorrido como el Llobregat, el Ter, el Fluvià y el Muga en la vertiente sur; mientras que en la vertiente norte, encontramos el Tec, el Tet, l´Agli y el Aude.

Algo parecido, aunque en menor proporción, sucede en el extremo occidental con los ríos Nivelle y Bidasoa que desembocan directamente en el Atlántico. Los ríos del sector central alcanzan o llegan a superar los 200 kilómetros y los más largos del sector oriental y occidental solo superan de forma excepcional los 100 kms. Los caudales vienen regulados por el agua surgida por la fusión de la nieve en las altas cumbres y por los lagos de origen glaciar que permiten la explotación energética por parte de las empresas hidroeléctricas. En cambio, los ríos de los extremos de la cordillera son básicamente pequeños, sus cursos torrenciales que recogen las aguas de lluvia y de forma rápida las trasladan hasta el mar siendo sus caudales un perfecto índice de las oscilaciones pluviométricas de la zona.

En cuanto al aspecto puramente morfológico, los cursos fluviales pirenaicos suelen ser perpendiculares a los afloramientos de los terrenos geológicos que, en líneas generales, se extienden de Este a Oeste, cortando de manera sucesiva los diversos afloramientos de rocas blandas o duras alineadas en estrechas bandas de Este a Oeste, tal como revela el mapa geológico pirenaico ya que la red hidrográfica no obedece a la direccionalidad propia de la estructura geológica. De tal forma, surgen los denominados desfiladeros o pasos estrechos en los terrenos donde aparecen las rocas duras ya que se suelen deteriorar a un ritmo muy lento. Entre dichos desfiladeros destacaremos las Gorges de Saint Georges en el río Aude; el de Camarasa y Tres Ponts en el río Segre; los de Terradets y Collegats en el Noguera Pallaresa; los de Mont-rebei, de Sopeira y de Pinyana en la Noguera Ribagorzana; Congosto de Ventamillo y Seira en el Esera, uno de los más impresionantes del Pirineo; la Foz de Jánovas en el Ara; Foz de Canfranc en el Aragón; Foz de la Boca del Infierno en el Aragón suborden; Foz de Biniés en el Esca; Foz de Lumbier en el Irati.

En cambio, en las fajas blandas de arcilla o margas, los cauces de los ríos se ensanchan donde se desarrollan pequeñas cuencas de erosión o planas aluviales como la Conca de Tremp y el Valle de Ager en el Noguera Pallaresa, Planas de Organyá y Oliana en el Segre o Valle de Boltaña en el Ara. A veces en los cauces estrechos, se da la circunstancia que, debido a su impenetrabilidad las modernas vías de comunicación han tenido que desviarse para remontar las sierras que les dificultan el paso.

Las vicisitudes experimentadas en los distintos cursos fluviales se pueden resumir a través de los distintos tiempos geológicos. A finales del Eoceno, la cadena pirenaica se consolidó empezando a formarse una red hidrográfica orientada de manera similar a la actual en líneas generales. Desde la zona axial central, descendían con ímpetu los cursos fluviales y torrenciales con su fuerza erosionante. En aquellos tiempos remotos, estos cursos fluviales desembocaban en una gran cuenca lacustre que ocupaba antaño la depresión del Ebro y parte del espacio prepirenaico, mientras las aguas de la vertiente norte cubrían la gran llanura aquitana. En los límites de la cadena se irían depositando, en el transcuros del tiempo, gran cantidad de guijarros que darían lugar a las típicas formaciones de las pudingas de estilo montserratino. Posteriormente a dicha sedimentación estas tierras adyacentes se alzaron en masa, hecho que conllevó que se vaciasen las depresiones subpirenacias al quedarse secas en el Mioceno. El levantamiento de la cadena no fue de forma uniforme y con la misma intensidad, de manera que, unas zonas se elevaron más lentamente que otras y los ríos se deslizaban por una superficie irregular que determinaron sus desviaciones como ocurre con el río Segre en Artesa. Asimismo se sabe que el fondo de estas depresiones era más elevado que en la actualidad. Posteriormente se formaron los modernos valles pirenaicos y tal vez, estos mismos valles se deban a la prolongación de los antiguos ríos procedentes de la zona axial.

También el glaciarismo pireniaco contribuyó en gran manera a la formación final morfológica de los Pirineos. La acción erosiva de las lenguas glaciares fue realmente importante ya que se formaron auténticos ríos de hielo que recorrían los valles más importantes llegando a alcanzar hasta 75 kilómetros de longitud. Todos los valles superiores comprendidos entre el Canigó y el Pico de Anie muestran claramente las huellas del modelo glaciar.. En la zona central axial la morfologia glacial se puede apreciar a partir de los 800 o 1.000 metros de altitud en la vertiente ibérica y en la gala a partir de los 400 o 600, aunque donde más fácilmente se pueden apreciar es a partir de las elevadas plataformas situadas por encima de los 1.500 metros de altitud. En la zona pirenaica mediterránea se reconocen solamente a partir de alturas que oscilan entre los 1.200 y 1.500 metros y, por el contrario, en la zona atlántica se visualizan a partir de zonas más bajas. Los distintos períodos glaciares también representaron un ritmo alternado en el poder erosivo de dichas lenguas glaciares y sus nacientes ríos. En cada período glacial, al disminuir la temperatura, traía una reducción del caudal del río y de su poder de erosión que se reactivaba con el aumento de las temperaturas abriendo nuevos cauces más profundos. En este juego alterno de sedimentación y erosión el curso del río deambula por las terrazas escalonadas a los lados de los valles.

El trazo que mejor define los cursos fluviales pirenaicos es su carácter típicamente torrencial que se refleja en todas sus arterias más importantes como son el curso del Garona y del Segre. En este aspecto, se juntan las variables del relieve y del clima que provocan las variaciones estacionales de los caudales, hoy en día de gran importancia, ya que el régimen fluvial conlleva repercusiones sobre la actividad humana. Ya sea a través de la explotación de las centrales hidroeléctricas o en los sistemas de regadío, se han creado los grandes embalses que regularizan el caudal de los ríos. A título de ejemplo tenemos el de Barasona con el canal de Aragón y Catalunya, el de Oliana con el actual canal d´Urgell y el futurible Segarra-Garrigues, y. En la vertiente francesa, diversos embalses que regulan las aguas del canal del Midi, sin olvidarnos de otros importantes embalses naturales de tipo glaciar como son el de Engolasters en Andorra, Estany Gento o Néubielhe. Antaño también el régimen fluvial tuvo una gran relevancia sobre otras actividades ya desaparecidas como fueron la de los raiers, en la vertiente oriental o catalana y la de los almadieros o navateros en la vertiente occidental con el descenso, río abajo, de importantes contingentes de troncos de madera procedentes de los bosques pirenaicos. En los últimos años han surgido nuevas y recientes actividades de carácter lúdico-turístico con los deportes de aventura a través del rafting y descensos de ríos que están regulados por normativas profesionales. Ciertos cursos superiores de ríos pirenaicos llegan a alcanzar la friolera de un 80 por mil de desnivel como ocurre con el río Ariège en Francia en tan sólo 18,5 kilómtros. En cambio en el prepirineo las pendientes son ya mucho más suaves al oscilar entre un 5 y 10 por mil. Esto implica que la velocidad de las aguas logre alcanzar hasta 4 o 5 metros por segundo en las zonas más altas de forma que puedan, a veces, causar efectos catastróficos como ocurrió, por desgracia, en el término municipal oscense de Biescas.

EL CLIMA


TIPOS DE CLIMA

A – Climas mediterráneos

––1.- Variante litoral (Figueres)

––2.- Variante continental (Huesca, Lleida)

––3.- Variante montañosa (Jaca, Tremp)

B – Climas atlánticos

––1.- Variante costera (Donostia o San Sebastián, Bayona)

––2.- Variante continental (Llanura de Aquitania)

––3.- Variante montañosa (Vielha)

C – Climas de transición

––1.- Tipo mediterraneo-atlántico (Aude, Ariege)

––2.- Tipo atlántico-mediterráneo (Pamplona)

D – Clima subalpino (Peguera)

E – Clima alpino (Pic du Midi)

Fuente: Lluís Solé Sabaris

Existen claramente tres dominios climáticos en los Pirineos: el alpino o nival, el atlántico y el mediterráneo, influenciados más o menos por la altitud y la distancia respecto al mar, aunque en las últimas décadas empieza a notarse una cierta influencia del cambio climático del planeta. En la vertiente norte la influencia atlántica está perfectamente definida por los vientos húmedos con frecuentes neblinas y copiosas lluvias a lo largo del ciclo anual, con un régimen de temperaturas suaves y sin demasiadas oscilaciones bruscas. Su área de influencia parte desde el golfo de Vizcaya hasta llegar a las estribaciones del Ariège (Foix). En la vertiente sur, el clima predominante es el mediterráneo con influencias propias de la meseta ibérica con una habitual sequía y una pluviosidad mucho más reducida con fuertes contrastes estacionales, partiendo su área de influencia desde el cabo de Creus hasta la misma ciudad de Pamplona. El Efecto Föhn suele ser muy habitual en los Pirineos cuando la masa de aire húmeda pasa de la vertiente atlántica, donde se producen las precipitaciones con lluvia, y supera las cimas centrales para transformarse rápidamente en aire seco y caliente. En cambio en los extremos oriental y occidental tanto en el ámbito catalán (Rosselló y Empordà) como en el país vasco-navarro, al ser de mucha menor altitud, el relieve no representa ningún tipo de muralla que impida que en las dos vertientes imperen las mismas condiciones climatológicas. Tanto el clima mediteráneo como el atlántico experimentan los efectos de la altitud a medida que se alcanzan las zonas centrales más elevadas, transformándose de manera gradual en un clima de montaña con diferentes matices según el origen. De tal manera, se puede hablar de un clima propio de la montaña mediterránea y un clima propio de la montaña atlántica hasta llegar a las cumbres más relevantes, donde impera un clima típicamente alpino y de carácter uniforme en el que abundan las precipitaciones sólidas de nieve, con una ligera influencia de los dominios climáticos propios de cada vertiente.

La vegetación acentúa el contraste entre las dos vertientes ya sea con bosques frondosos o con prados secos. La montaña aporta notables contrastes de temperatura que se pueden determinar perfectamente mediante la distribución de las distintas formaciones vegetales, así como por los límites de los cultivos, la ocupación del suelo o el límite del hábitat humano.

Los contrastes térmicos de la montaña suelen estar influenciados preferentemente por la altitud. En general la temperatura suele disminuir medio grado por cada cien metros de altura; este principio es de gran importancia para la distribucón de la vegetación y de los cultivos. Las especies vegetales prosperan en el medio montano según su grado de resistencia al frío. Así los más sensibles como el olivo no suelen superar los 600 metros mientras que los más resistentes como el abeto y otras coníferas pueden llegar a alcanzar los 2.000 metros a partir de los cuales solo encontramos arbustos y ciertas plantas herbáceas que protegidas por el manto de la nieve, pueden soportar heladas intensas sin graves consecuencias para su supervivencia. De esta manera, también el ser humano se adecua en función de sus posibilidades de explotación. En resumen, si los prados, cultivos y bosques se adaptan de forma escalonada o estratificada según los imperativos térmicos y de altura, el ser humano también se habitúa a las necesidades de explotación que le aporta el medio ambiente.

Otra causa climática determinante en el medio ambiente montano radica en la orientación. Así las vertientes situadas al mediodía o solana suelen ser más cálidas que las orientadas al norte o umbría. Esta diferencia influye de forma decisiva en la distribución de cultivos y bosques en los valles orientados de Este a Oeste. Un claro ejemplo lo tenemos en la comarca de la Cerdanya, orientada del nordeste al sureste, la mayoría de su población queda situada en la solana, evitando las zonas más sombrías. En la canal de Berdún el asentamiento humano también se sitúa en la solana, evitando las áreas sombrías. Pauta que también encontramos en otros lugares que siguen el trazado longitudinal de los ríos Freser, Cinca y Ara

Las precipitaciones son otro elemento determinante que viene impuesto por el factor orográfico. La vertiente meridional, sujeta a la influencia mediterránea, suele ser de tipo más seco que la septentrional sometida a la influencia atlántica. Así el contraste de cielos más claros y soleados del sur se contraponen a los cielos cubiertos con densas neblinas en el norte. En la zona atlántica hay muchos más días de cielo cubierto, siendo todo lo contrario en la zona mediterránea. Los frondosos prados con distintos matices de colores verdes son típicos del ámbito norte, mientras que el gris genérico de las rocas aisladas junto con una tonalidad rojiza de las tierras sureñas con y el típico verde seco de las encinas y oliveras lo son propiamente del ámbito mediterráneo. Y como no, también en el ámbito del hábitat humano donde nos encontramos con el típico caserío disperso en la zona atlántica, distinto a la mayor concentración humana que suele haber en la mediterránea. En la región atlántica los vientos lluviosos provienen del golfo de Vizcaya donde habitualmente se obtienen las máximas precipitacions pirenaicas con 1.396 mm en San Sebastián o 1.793 mm en Hedanya. Por el contrario, en la Depresión del Ebro son inferiores donde sólo se alcanzan 304 mm en Zaragoza o 376 mm. en Lleida. También la orientación tiene sus propias pautas ya que los valles orientados hacia los vientos húmedos reciben el doble de agua que los que no suelen estarlo, como ocurre con la Canal de Berdún, la Conca de Tremp o la Cerdanya que al estar bajo el abrigo de la alineación montañosa se presenta como una barrera. En cuanto a las precipitaciones de nieve, además de dar origen a corrientes fluviales, aportan elementos positivos al mantener protegida y cubierta la vegetación alpina de las extremas temperaturas de -30º que se dan en las zonas más altas, pero en cambio los aludes de nieve, que se dan por exceso de acumulación, suelen ser muy peligrosos.

Finalmente, resaltar la gran incidencia del clima sobre el caudal de los ríos pirenaicos. Así el régimen pluvial de los principales cursos hídricos situados en la vertiente atlántica como el Irati, Salazar, Arga, Bidasoa y Arize, resultan ser mas notables que los encarados en la vertiente mediterránea como el Muga, Fluvià, Ter, Llobregat, Flumen y Alcanadre de la Sierra de Guara. En el Pirineo mediterráneo, sus ríos experimentan un largo estío durante el cual la sequía parcial suele hacer acto de presencia, mientras que en primavera y otoño suelen llevar el máximo caudal, ya sea por lluvias o por fusión de nieves. En verano, los payeses suelen sufrir la escasez de agua de manera que su aprovechamiento se regula a través de una red múltiple de embalses. Por el contrario, en la vertiente atlántica el caudal no suele alterarse tanto entre las diferentes estaciones anuales. Las actividades humanas y en particular la explotación hidroeléctrica, han ido adaptándose a las características de estos cursos fluviales que suelen presentar una acentuada dispersión en las dos zonas extremas del Pirineo y una mayor concentración en el centro de la cadena montañosa.

EL PAISAJE VEGETAL


Si la orografía es el factor determinante que perfila el espacio pirenaico, la vegetación es el principal elemento que da colorido y tonalidad al mismo. La vegetación ocupa prácticamente todo el espacio pirenaico, exceptuando determinados claros de la alta montaña o del roquedal mediterráneo. Una espesa capa forestal, ya sea arbustiva o herbácea, suele cubrir el terreno con diversidad de matices que le dan un atractivo particular y constituye un primordial elemento para la diferenciación de los distintos terrenos y altitudes. Las sensaciones que aportan pueden ser muy distintas yendo desde el pobre matorral o el relajante prado alpino cubierto por su característica alfombra verde, hasta pasar la agradable sombra que proyectan los abetos o la confortante sensación de un tupido hayedo de hoja clara por la que se cuela el tamiz de la luz. Las formaciones vegetales propias de los Pirineos acostumbran a ser el bosque, los setos y matorrales, los prados y en menor medida, los campos de cultivo y los humedales.

Los bosques propios de las altitudes medianas de la montaña pireniaca, prosperan los árboles caducifolios como el haya (fagus sylvatica), el roble (quercus robur), el abedul (betula pendula roth), el fresno (fraxinus excelsior) o el avellano (corylus avellana), junto a los perennifolios como el pino silvestre (pinus sylvestris), el pino negro (pinus mugo) y el abeto común (abies alba). También encontramos abundantes bosques en las riberas de los ríos con árboles caducifolios que se adapta mejor a los densos humedales del suelo. Así, podemos hallar saucedas arbustivas (salicion triandro-neotrichae) que son comunidades dinámicas que soportan bien las fluctuaciones hidrológicas en zonas de aluvión, sometidas a imprevistas crecidas en las que podemos encontrar choperas, alisos, pobedas i alamedas como especies principales.

Entre los setos abundan los arbustos de tipo espinoso e impenetrable que ayudan a delimitar terrenos; o la zarza (rubus ulmifolius), la espina vera (paliurus spina-chisti) y el pudio (rhamnus alpina), que retrasan la erosión eólica e hídrica de los suelos y participan también en la conservación de la diversidad genética. En cuanto a los matorrales, que constituyen una comunidad de plantas arbustivas, aparecen aisladas o formando parte del estrato del sotobosque, destacaremos la landa o brezal atlántico y la sabina rastera (juniperus sabina).

En relación a los prados de siembra, la mano del ser humano interviene para hacerlos crecer junto a terrenos húmedos o en las cercanías de los bosques para sacar provecho en la alimentación del ganado, preferentemente bovino, optimizando las hierbas en época primaveral y estival. En la actualidad, a causa de la tecnificación de la ganadería están en fase progresiva de desaparición. Distintos son los prados naturales que según la tipología podemos dividir claramente en pastos montanos húmedos con hierbas perennes que crecen en suelos acidificados o en terrenos calcáreos o, por el contrario, los pastos secos de terrenos silíceos de poca profundidad y con abundante substrato pedregoso.

Bajo las aguas de los ríos ncontramos distintas hierbas subacuáticas que tapizan parte de sus fondos, llegando a crecer por encima de la superficie del agua. Destacan la hierba del maná (glyceria fluitans) y la verónica acuática (veronica beccabunga). En cambio otras, sólo precisan suelos muy húmedos com la yerba cipresillo (Carex acutiformis) y la arroyuela (lythrum salicaria). Finalmente, también resaltaremos las junqueras formadas principalmente por hierbas de las familias juncáceas.

En síntesis, cabe constatar que el clima y el suelo no son suficientes para explicar la distribución de la flora pirenaica, ya que también influyen los factores geológicos que permiten explicar la variedad de la vegetación pirenaica. Ya hemos comentado que, en el transcurso de las diversas eras geológicas, los Pirineos han transitado por distintas épocas climáticas, dicha variabilidad ha influido en la distribución geográfica de las distintas especies vegetales. Durante los períodos glaciares, la vegetación de la región ártica pudo avanzar hacia zonas meridionales europeas permitiendo que algunas plantas de tipo euroasiático llegaran hasta los Pirineos, manteniéndose en las altas cumbres tras el calentamiento interglacial. Otras en cambio, son autóctonas de clima cálido y mediterráneo que abarcan unas once asociaciones florales distintas que dominan las partes más bajas de la cadena, aunque algunas llegan a proliferar hasta en cotas de 2.000 metros de altitud.

Finalmente, mencionar las plantas del tronco atlántico que predominan en el Pirineo occidental. En resumen, la vegetación pirenaica se compone de forma fehaciente por plantas con orígenes diversos: tropicales, siberianas y centroeuropeas, mediterráneas y atlánticas, en perpetua lucha por su espacio vital. Su área de implantación se rige de acuerdo a sus exigencias fisiológicas y su capacidad de adaptación.

EL HABITAT ANIMAL, UNA FAUNA EN RECESION A PROTEGER


La transformación del hábitat natural del Pirineo a cargo de la acción humana, tuvo su inicio a finales del siglo XIX, al impulsar a través de distintos organismos protectores de iniciativa estatal i privada, las primeras e incipientes acciones para favorecer el mantenimiento de las condiciones biológicas que permitieran la supervivencia de la diversidad animal pirenaica.

A lo largo de los últimos siglos, la gran cadena montañosa había ido perdiendo su fauna primigenia que tanto habían plasmado en sus cuevas los habitantes del Magadaliense. Donde antes habitaron bisontes salvajes, –perfectamente representados en los frescos rupestres de las cavernas de Niaux–, encontramos ahora rebaños de animales domesticados para su explotación; vacas, bueyes, ovejas, cabras… El gran perro pirenaico –una variedad del popular San Bernardo–, es hoy una mera curiosidad ya que el can que acompaña al actual pastor pirenaico es un animal mucho más pequeño. Caso aparte, es la polémica y forzada reintroducción del oso pardo, extinguido en todo el ámbito pirenaico en el siglo XIX, procedente de los Alpes eslovenos.

De no haberse activado las ultérrimas medidas de protección medio-ambiental, lo poco que quedaba de la fauna pirenaica habría desaparecido casi en su totalidad. Los que hoy sobreviven, especialmente los grandes mamíferos, lo deben a la incontestable voluntad de tetula de organismos y activistas ecológicos. Actualmente, están censadas en torno a unas 200 especies de animales.

El Pirineo cuenta con abundantes poblaciones de reptiles e insectos; destaca la venenosa víbora áspid (Vipera aspis), aunque su picadura difícilmente resulta fatal; también la culebra de Esculapio (Zamenis longissimus) que alcanza los dos metros, aunque más escasa y en clara regresión; la culebra de collar (Natrix natrix) buena nadadora que vive en prados húmedos y cerca del curso de los ríos; la anfibia salamandra (Salamandra salamandra); la rana bermeja (Rana temporaria) y el sapo común (Bufo bufo). La lagartija vivípara o de turbera (Zootoca vivipara) y el tritón pirenaico (Calotriton asper).

Entre los insectos, destacar la tijereta pirenaica (Chelidura pyrenaica), el chinche de campo (Lygaeus equestris) o la mosca escorpión (Panorpa communis). De los coleópteros, mencionar el escarabajo cornudo (Copris lunaris) la mariquita de veintidós puntos (Thea vigintiduopunctata), el longicornio (Aconthocinus aedilis); de los ortópteros la langosta verde (Tettigonia viridissima), el grillo de bosque (Nemobius sylvestris), el saltamontes (Omocestus rufipes) y de las mariposas mencionar el macaón (Papilio machaon), el ícaro (Polyommatus icarus) y la perlada rojiza (Boloria euphrosyne).

En relación con los peces, la conocida y clásica trucha de río (Salmo truita) que es el pez autóctono del territorio que encontramos en la mayoría de ríos pirenaicos y gracias a la piscicultura se mantiene mediante la conservación y repoblación asistida. El salmón de manantial (Salvelinus fontinalis), introducido para la práctica de la pesca, ya no puede remontar los ríos de la vertiente atlántica debido a las insuperables barreras de los embalses; el piscardo o foxino (Phoxinus phoxinus) igualmente introducido para su pesca.

Los Pirineos son un paso obligado de la ruta de numerosas especies voladoras de migración y hogar de diversas aves autóctonas. En otoño, se puede observar como muchas de ellas franquean las barreras orográficas pirenaicas en grandes bandadas. Encontramos una variedad notable de aves depredadoras como es el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), casi extinto en el resto de Europa, mientras que en el hábitat pirenaico esta especie goza un seguro refugio; la majestuosa águila real (Aquila chrysaetos); el milano real (Milvus milvus) con ocasionales migraciones o el halcón peregrino (Falco peregrinus).

De entre las rapaces, destacar las nocturnas; el cuco común (Cuculus canorus) y el autillo europeo (Otus scops). Como aves necrófagas resaltaremos el buitre leonado (Gyps fulvus) avistado muy a menudo en grupos en busca de animales muertos y el alimoche (Neophron percnopterus). Y como auténtica joya de los distintos parques naturales y reservas del Pirineo, encontramos el urogallo (Tetrao urogallus) que vive escondido en los bosques subalpinos más recónditos, con su espectacular parada nupcial en primavera.

Otras aves notables resultan son la perdiz roja (Alectoris rufa), la codorniz (Coturnix coturnix), la tórtola europea (Streptopelia turtur), el picamaderos negro (Drycopus martius), el mirlo acuático europeo (Cinclus cinclus) cuyo territorio son los ríos donde cabecea para alimentarse, el vencejo común (Apus apus), la golondrina común (Hirundo rustica), la alondra común (Alauda arvensis), el petirrojo europeo (Erithacus rubecula), el roquero rojo (Monticola saxatilis) de plumaje multicolor, el ruiseñor (Luscinia megarhynchos), la inconfundible urraca o picaraza (Pica pica), el cuervo (Corvus corax) y el jilguero (Carduelis carduelis).

En el grupo de los mamíferos terrestres es donde mas se percibe la regresión de especies notables como ha ocurrido con el lobo, prácticamente desaparecido del ámbito pirenaico. Hay constancia que en los años cincuenta una manada atacó en el Puerto de Pailhèrs (Ariège) al correo postal montado en su motocicleta. Actualmente, puede visitarse en un coto privado para lobos en el valle de Orlu (Ariège). Poco a poco se van reintroduciendo y preservando especies como ha sucedido con el ya mencionado oso traído de los Alpes eslovenos, en una acción muy criticada por parte de los ganaderos pirenaicos de los valles centrales franceses y de la Val d´Aran.

Entre los mamíferos insectíveros encontramos el topo común (Talpa europaea) cuya vida es preferentemente subterrànea; la almizclera (Galemys pyrenaicus) adaptada a la vida acuática y exclusiva de los Pirineos y la Península Ibérica y el ratón de campo (Apodemus sylvaticus). Entre los grandes roedores prolifera el lirón gris (Myoxus glis) el cual visitante ocasional de bordas y refugios de montaña; la ardilla roja (Sciurus vulgaris) con sus típicas acrobacias; el conejo (Oryctolagus cuniculus) más propio de la montaña baja que de la alta; la marmota (Marmota marmota), introducida en el Pirineo tras haber desaparecido con la última glaciación y la liebre (Epus europaeus).

Entre los mamíferos cazadores está la garduña (Martes foina), de la medida de un gato; la marta (Martes martes), siempre ágil cazadora; el gato salvaje (Felis silvetris), de gran medida y cola enorme; la jineta (Genetta genetta), excelente trepador. Entre los mamíferos ungulados tenemos al muflón (Ovis gemelini); el conocido rebeco o sarrio (Rupricapra pyrenaica); el corzo (Capreolus capreolus), de cambiante pelaje; el gamo común (Dama dama), cérvido de buen tamaño; el ciervo común (Cervus elaphus), grande e imponente.

Finalmente, entre otros mamíferos carnívoros destaca la nutria (Lutra lutra), excelente nadadora y pescadora; el tejón (Meles meles), con sus uñas prominentes; el movidizo zorro comun (Vulpes vulpes); el oso pardo (Ursus arctos), ya comentado y también el jabalí (Sus scrofa), que vive en grupos familiares que se refugian en zonas forestales.

LA ESTRUCTURA HUMANA Y TERRITORIAL


A través del estudio del relieve, el clima y la vegetación se han podido perfilar o establecer las notables diferencias entre ambas vertientes que en el tramo central de la cordillera, forma dos ámbitos claramente diferenciados. Hasta nuestros días, con la llegada del verano, aparecían los tropeles de ganadería procedentes de las dos caras de la cadena, al coincidir en los pastos alpinos más altos. Así entre los pueblos que se encontraban separados por la frontera política, se establecíeron relaciones económicas y de buena vencidad (tradición que felizmente, se ha conservado hasta nuestros días en algunos valles de navarros).

Pero esos contactos eran fugaces ya que las primeras nevadas de otoño volvían a separar los valles de las vertientes española o francesa. Así, a pesar de la incomunicación de los largos meses de invierno, sus pobladores compartían formas de vida y explotación de recursos prácticamente iguales. Todos estos ancestrales factores antrópicos que se desarrollan bajo un hábitat común han promovido, en la actualidad, la conveniencia de compartir distintos servicios mancomunados entre ambos lados de la frontera, como así ocurre en el Baztán navarro.

Es en los extremos oriental y occidental de la cadena pirenaica donde este tipo de división queda diluido o pormenorizado ya que el relieve tiende a suavizarse. Aquí es donde se percibe, de manera destacada, como el trazado fronterizo obedece exclusivamente a criterios políticos y convencionales ya que no se sustenta sobre ninguna base geográfica, orográfica o territorial. El mismo clima, la misma vegetación, los mismos cultivos y géneros de vida tanto en el ámbito cultural como lingüístico, han imperado a uno y otro lado de la frontera, como son el caso del idioma catalán y el euskera o vasco. Queda claramente demostrado como solo por intereses políticos, se han introducido ciertas diferencias premeditadas que no responden a ningún factor natural, si no político y geoestratégico. Cabe esperar que, con el devenir de los tiempos se podrá corregir esa forzada artificialidad.

La frontera entre los estados español y francés sí ha constituido un hecho diferencial y determinante que ha influido también en pequeños ámbitos territoriales, como ocurre en la Cerdanya catalana y el Roncesvalles navarro. Las incidencias propias de cada vertiente en su discurrir humano (aumento de la población, desarrollo industrial y otras actividades), han influido de forma decisiva, llegando su influencia hasta las llanuras del Ebro o las planicies de Aquitania.

Antes de la creación de los modernos Estados francés y español, las relaciones entre una y otra vertiente llegaron a ser mucho más estrechas que las que puedan existir en la actualidad. Por el contrario, el relieve, la orientación de los valles, los límites políticos así como la falta de infraestructuras viarias, hasta bien entrada la segunda parte del siglo XX, facilitó que se acentuaran las diferencias. Todo aquello que en tiempos pretéritos posibilitó que fuese una gran unidad geográfica se fue convirtiendo con el paso de los últimos siglos, en dos mundos diferentes que vivían de espalda el uno del otro. También entre los valles ibéricos de Navarra, País Vasco y Catalunya, las diferencias son muy marcadas. En un extremo encontramos un país de clima atlántico acentuado, con cultivos dedicados a los cereales, una clara explotación de los bosques y una intensa actividad ganadera. Al otro extremo, un país esencialmente mediterráneo con idéntica vocación agropecuaria pero más industrializado y, entre ambos polos, una gama de matices intermedios que se extienden entre Aragón y Navarra. Una disposición similar se observa a ambos extremos de la cordillera, entre el País Vasco francés y el Rosselló catalán, donde la vertiente norte, de dominio atlántico, alcanza mucho más extensión que la zona mediterránea, cuya influencia ambiental es más reducida. Así no existe ningún parecido entre los valles atlánticos de caseríos dispersos y las sierras mediterráneas de hábitat aglomerado o de concentración, ni tampoco en el paisaje ni en los géneros de vida.

Las futuras infraestructuras proyectadas, que culminarán la conexión por autopista entre la vertiente atlántica y mediterránea en el lado peninsular, serán un nuevo factor impulsor del desarrollo y actividad de la zona. En definitva, con el siglo XXI, sobreviene una nueva dinámica que, gracias a las nuevas y modernas vías de comunicación, permitirá volver a considerar el Pirineo como una entidad física homogénea. Lo que hasta hace escasamente un siglo sólo estaba al alcance de ciertos aventureros o amantes de la geografía pirenaica, ahora será factible de una forma fácil; ello no debe impedir que perdamos de vista que éste es un espacio singular y especial que tanto los habitantes como los visitantes, debemos preservar para las futuras generaciones.

Aunque exista la unidad fisiográfica y se mantengan las diferencias económicas, ello no será un impedimento para captar la extraordinaria riqueza de sus múltiples modos de vida y tradiciones, que harán que sea un auténtico tesoro cultural y natural que todos podamos compartir y debamos respetar. La extraordinaria aventura de disfrutar la Naturaleza como un legado de millones de años a través del cual el ser humano pueda integrarse en este excepcional espacio natural pirenaico, es un privilegio que merece ser valorado en su justa medida.

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