IGLESIA Y DOCTRINA CÁTARA

IGLESIA Y DOCTRINA CÁTARA

Por: Jaume Cluet

El estudio del movimiento medieval conocido como catarismo involucra inexorablemente al especialista en determinar cuál es su origen. Tal como hemos visto en precedentes exposiciones, rápidamente se suceden las preguntas sobre una supuesta herejía cristiana, así como una hipotética raíz totalmente ajena al cristianismo con fundamentos dualistas, gnósticos o maniqueos. Bajo cierto prisma el catarismo procede de un proceso filosófico y metafísico, de una visión del mundo que supera extensamente la doctrina de la iglesia romana y que viene a enraizarse con el nacimiento del primitivo cristianismo surgido de la ancestral tradición espiritual de la humanidad. En definitva, el catarismo forma parte de la gran familia de las religiones cristianas, aunque con unos matices muy peculiares al estar revestido por un acentuado pensamiento dualista y una relevante metafísica gnóstica.

Todavía hoy, desconocemos cómo el catarismo pudo mantener, a lo largo de más de mil años determinados prácticas del cristianismo arcaico que serán de nuevo retomadas en los siglos XII y XIII, y que ya no se encuentran actualmente ni en el cristianismo romano ni en el ortodoxo. De tal forma que el catarismo pretendió llegar a ser el verdadero continuador de las primigenias enseñanzas de los apóstoles. Muchos pasajes del Nuevo Testamento, destacando entre ellos el Evangelio de San Juan y las Cartas Paulinas pueden ser interpretadas bajo una perspectiva dualista y con connotaciones gnósticas.

Lo que sí conocemos es su gran capacidad en propagar los textos evangélicos en distintos espacios europeos donde lograron arraigar y promover la creación de una nueva iglesia cristiana con criterios de igualdad tanto para hombres como para mujeres, al facilitar la traducción de dichos textos en lengua vernácula y traer una renovada buena nueva evangélica, como también la virtud de su práctica y asimismo la autenticidad del mensaje crístico que la iglesia romana u ortodoxa, con el devenir de los siglos, había expresamente manipulado y adulterado.

PERSPECTIVA HISTÓRICO-RELIGIOSA

Efectuar una perspectiva histórico-religiosa del movimiento cátaro y bogomil resulta bastante difícil, ya que son opciones religiosas que desaparecieron hace varios siglos, al mismo tiempo que al ser movimientos perseguidos encarnecidamente fueron expresamente olvidados hasta tiempos casi cercanos a nosotros, de manera que podemos afirmar que hasta nuestra época reciente han sido corrientes muy poco conocidas y su estudio muy limitado en el espacio y en el tiempo. Al haberse podido determinar, prácticamente a partir de la segunda mitad del pasado siglo XX, sus características de marcado acento gnóstico y dualista, podemos remontarnos en este caso a los distintos movimientos heterodoxos, gnósticos y filosóficos que pululaban en los inicios del cristianismo y que hasta el siglo III de nuestra era tuvieron una libertad probada para difundir sus doctrinas.

Así en el siglo I de nuestra era cristiana con la consolidación de la “Pax romana” imperial surge un nuevo periodo en el que se afianzan multitud de intercambios comerciales, filosóficos y espirituales en toda la cuenca del Mediterráneo. Pablo de Tarso llamó a este período “la plenitud de los tiempos” ya que fueron favorables también para la difusión del cristianismo y la fijación de las primeras comunidades cristianas. Con el paso del tiempo, tras la persecución imperial del cristianismo y su paso a la tolerancia hasta lograr alcanzar el rango de religión prácticamente oficial. Con el Edicto de Milán del año 313 se llegará posteriormente al reinado del emperador Teodosio, entre los años 379 y 378 durante el cual el cristianismo alcanza a ser la religión imperial de pleno derecho y de forma exclusiva. Llegados a este punto, resulta fácil entrever cómo la supervivencia pública de las distintas escuelas filosóficas de raigambre grecorromana, de los antiguos cultos mistéricos de divinidades paganas, así como las tradiciones iniciáticas antiguas del dualismo órfico, platónico o el sincretismo gnóstico ya no pudieron tener una continuidad garantizada, pasando por el contrario a ser radicalmente perseguidas.

De este modo, la gnosis perseguida y proscrita por el Imperio a instancias del creciente poder de la iglesia romana establecida ya como culto oficial, tuvo que guarecerse en la clandestinidad o asumir su debilidad ideológica frente a la ortodoxia aunque no llegó a desaparecer en este periodo de la Antigüedad. Un claro exponente quedó reflejado en la excepcional figura de Prisciliano que vivió en la antigua Hispania romana. Prisciliano alcanzó a ser obispo de Ávila entre los años 381 y 385, impulsando una nueva corriente monástica y ascética en las iglesias de su comunidad hispánica, muy especialmente en el ámbito cultural celtico-galaico, en base al estudio de los textos apócrifos y gnósticos heréticos ya que defendía el hecho de que las verdades divinas podían encontrarse también fuera de los cánones oficiales establecidos. A instancias de la jerarquía eclesiástica fue decapitado por orden imperial en el año 385 en la ciudad de Tréveris (hoy en día conocida como Trier, a orillas del río Mosela en Alemania), siendo de esta manera el primer personaje herético ejecutado de forma oficial con ayuda del brazo secular. Con posterioridad a su muerte, se entreveen todavía indicios dualistas en determinados reductos pirenaicos tanto en territorio hispánico como el aquitano francés.

No será hasta finales del siglo VIII cuando surge en el ámbito pirenaico la controvertida disputa adopcionista personificada en las figuras del obispo Felix de la Seu d´Urgell, en pleno territorio pirenaico catalán y el arzobispo Elipando de Toledo, máximo exponente de la iglesia mozárabe hispánica de tradición visigótica bajo dominio musulmán, quienes fueron acusados por el joven Heterio, obispo fugitivo de Osma y refugiado en tierras asturianas y el Beato de Liébana de mantener creencias heréticas en sus enseñanzas ya que propugnaban que Cristo solamente era hijo adoptivo de Dios, tal como antaño mantuvo la heterodoxa corriente arriano-visigótica. El obispo Felix de la Seu d´Urgell, que anteriormente había sido abad del monasterio de Sant Serní de Tavernoles, importante cenobio de fundación visigótica ubicado en el tramo final del río Valira que nace en las cumbres pirenaicas de Andorra, fue destituido y llamado a capítulo por Carlomagno en la sede palatina de Aquisgrán (hoy en día llamada Aachen, en Alemania) donde tuvo que enfrentarse al teólogo Alcuino de York y retractarse de sus creencias.

Posteriomente, alrededor del año 950, surge en Bulgaria la enigmática figura de un predicador conocido on el nombre de Bogomil (Amigo de Dios) que en pleno dominio de la iglesia cristiana oriental bizantina predicará el mensaje evangélico bajo un prisma dualista y gnóstico, siendo sus acólitos duramente perseguidos. Se cree que la aparición del bogomilismo en tierras búlgaras se debe a la anterior propagación de la corrientes mesaliana y paulicista surgidas en tierras del Oriente Medio. Asimismo hemos visto cómo se ha hablado con frecuencia de filiación entre cátaros y bogomilos. Lo que sí es seguro es que en el año 1167, un obispo de la iglesia dualista bogomila de Bizancio, llamado Nicetas o Niketas, llegó hasta tierras del Languedoc para presidir un concilio de las iglesias cátaras en Saint-Félix-de-Caramanh procediendo a realizar ordenaciones impartiendo el sacramento del consolamentum, así como a validar las doctrinas de los obispos occitanos, hecho que facilitó la nueva delimitación de las diócesis cátaras de Albi, Tolosa, Agen y Carcasona.

Es así como a partir de la significativa fecha del año Mil nuevas doctrinas y herejías econtraron condiciones favorables para una rápida expansión entre los siglos XI y XII en tierras occidentales europeas. El renacimiento urbano alcanzado en pleno siglo XIII propició la aparición de nuevos movimientos religiosos e ideológicos, traspasando el ámbito recluido de los antiguos scriptoriade los monasterios. Un ejemplo claro fue el movimiento de la pataria ligada a las florecientes ciudades-estados de Italia. Apareciendo con una fuerza inusitada reformadora, terminó siendo un auténtico cuestionamiento eclesiástico que finalmente fue aplastado en el año 1075 en Milán. Todo ello coincide con la Reforma gregoriana promovida por la misma Iglesia romana, necesitada de una renovación interna eclesiastica debido a la gran cantidad de vicios enraizados en su seno.

Desde mediados del siglo XII los territorios del Languedoc también se convierten en una tierra fértil para los movimientos heréticos cuyos máximos exponentes serán el valdismo y el catarismo. El profundo arraigo de dichas tendencias heréticas provocará una reacción violenta principalmente dirigida contra el catarismo. Habrá una primera fase de discusión y confrontación doctrinal que discurrirá entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII. La segunda fase se incia en el año 1209 con la utilización de la vía militar a través de la famosa Cruzada Albigense y termina prácticamente en el año 1255 con la caída del último reducto de Queribús defendido por los faidits, considerados como la pequeña nobleza occitana defensora del catarismo. Finalmente, la tercera fase continúa a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII y principios de la centuria siguiente, teniendo como eje central la utilización implacable del aparato inquisitorial para borrar los últimos residuos del catarismo e impedir de este modo su resurgimiento.

LA ESTRUCTURA DE LA IGLESIA CÁTARA

Antes de ver cómo era la organización de la Iglesia cátara, radicada preferentemente en tierras occitanas, tenemos que partir del momento histórico en el que arranca el Concilio de Sant Felix de Caramanh del año 1167, donde se empieza a perfilar la estructura que va tomando forma de manera definitiva. En esta importante fecha, la iglesia cátara occitana deja de ser un conjunto de pequeñas comunidades más o menos aísladas, dejando atrás un primer estado embrionario para constituirse en una firme y sólida organización. El modelo a partir del cual se empieza a configurar viene ya señalado por el texto evangélico del Apocalipsis que rememora una alegórica organización de las siete iglesias de Asia (Asia Menor o actual Turquía), con un velado mensaje de logro de plenitud. Por tanto el modelo a seguir es el de las iglesias primitivas que eran independientes ente sí aunque solidarias en hospitalidad y mutua ayuda.

De esta manera, también en las tierras occitanas se configuran unos espacios geográficos perfectamente delimitados con un episcopos (obispado), como cabeza visible del territorio y un diácono en algunas de sus comunidades más importantes. Se fija así un orden eclesiastico, bajo una Regla de Justicia y Verdad, que designa la sucesión apostólica que encontramos con las figuras del obispo y sus coadjutores y que se conocen como los hijos mayor y menor; aunque no se prevé una sede fija de residencia para ellos ya que se desplazan muy a menudo hasta los límites más remotos de sus tierras asignadas. Solamente en plena época de la persecución o en el periodo de finales de la Cruzada albigense encontramos sedes fijas de los obispos como ocurre con el caso concreto de Montsegur.

Veamos pues ahora la organización interna de la iglesia cátara. Básicamente estaba estructurada en tres grados: los que simpatizaban, los creyentes y finalmente los perfectos, llamados también Bons cristians o Bones cristianes. Aunque si nos atenemos al hecho puramente espiritual, en realidad sólo se consideraba verdadera iglesia la compuesta por todos aquellos que habían logrado alcanzar el grado de perfecto o perfecta. Por tanto, esta constitución jerárquica es la que corona la finalización del nuevo edificio religioso cátaro. Es hora pues de examinar el comportamiento de cada una de dichos grados y su interrelación dentro de la estructura de la iglesia cátara.

Los simpatizantes eran los diversos estamentos sociales que veían con buenos ojos la implantación del catarismo, aunque su participación dentro de la organización de la iglesia cátara era mínima por lo que, en general, sólo algunos de ellos sufrieron leves acosos por parte de la Inquisición. Hemos de considerar que el catarismo levantó una consolidada simpatía entre las diversas poblaciones donde pudo arraigar ya que los perfectos y perfectas eran un ejemplo cabal de testimonio auténtico cristiano en detrimiento del proceder corrupto de la iglesia romana medieval.

Los creyentes o fieles adeptos por su parte, debían meditar sobre las lecciones de los perfectos, asistir a las oraciones recitadas en común y rezar individualmente. Debían practicar la humildad, la caridad, el perdón de las ofensas y sobre todo la veracidad. No estaban obligados a llevar una vida ascética o mística, de manera que prohibiciones relativas a relaciones carnales o comer una dieta de carne no entraba dentro de sus limitaciones. La Iglesia cátara no dejaba de velar sobre ellos y de adoctrinarles para que adquiriesen las buenas disposiciones correspondientes en la esperanza de que en sus próximas reencarnaciones se integrasen en el camino de la liberación y salvación. En resumen, hay que considerarlos como laicos que participaban en la vida espiritual de su iglesia por lo menos en la misma medida que los católicos suelen hacerlo en el catolicismo. En base a posibles estimaciones se cree que la cantidad de creyentes alcanzaba la importante cifra de 100.000 personas que fue vigente hasta una fecha tan tardía como el año 1250.

En cuanto a los perfectos o a las perfectas, ellos eran los buenos cristianos o las buenas cristianas. Constituían el llamado clero cátaro. Dentro de este estamento existía a su vez, un rango distribuido básicamente en tres grados:

– Los obispos que ejercían el rol primordial jerárquico dentro del área de sus correspondientes iglesias. Les asistían sus hijos mayor y menor que eran sus coadjutores y sus futuros sucesores.

– Los diáconos, es decir, los pastores que servían de intermediarios entre el episcopado y los simples creyentes. Al tener una misión itinerante de predicación solían vivir temporalmente en las diferentes casas de acogida, dedicando su vida a la administración de los sacramentos y a la predicación de los rituales a los creyentes.

– Los ancianos que preceden a otros perfectos por la anterioridad de su entrada en la Iglesia, con diferentes funciones que así lo confieren. Suelen ser quienes llevan la dirección de los ostals o las domus hereticorum (casas heréticas) tal como las llamaban los inquisidores, al igual que las mujeres perfectas dominas. Asimismo oficiaban los ritos en ausencia de los diáconos u obispos. Se sabe que a partir del año 1300 con la desaparición forzosa de la figura de los obispos cátaros, serán estos ancians quienes intentarán mantener viva la llama del catarismo en la clandestinidad.

De manera genérica, a los perfectos les estaba prohibido todo acto carnal, ya que estaban sometidos a una moral extremadamente rigurosa. También les estaba prohibido el homicidio, incluyendo matar animales. No debían mentir ni jurar. No podían comer carne por lo que su alimentación consistía básicamente en pescado, hortalizas y pan. Ayunaban con mucha frecuencia en días alternativos en base solamente a pan y agua así como durante tres cuaresmas anuales (Navidad, Pascua y Pentecostés). Estaban pues obligados a llevar una vida muy estricta en base a una prolongada merma corporal para poder potenciar las virtudes espirituales a través de las múltiples plegarias del Pater y una continua lectura y reflexión de los textos testamentarios. Así mismo debían vivir de sus respectivos trabajos manuales (tejedores, ebanistas, sastres, molineros, médicos…), tal como exhortaba San Pablo en sus epístolas Tened bien en trabajar… …ya que si uno de vosotros no quiere trabajar que no coma tampoco. No había lugar, por tanto, para los ociosos. Todas estas consideraciones ponen de manifiesto pues, el carácter abnegado y espiritual de los perfectos dentro del catarismo.

LAS ESCRITURAS CÁTARAS

Tanto los cátaros como los bogomilos tenían sus propios libros sobre los que fundamentaban su creencia y su fe. Básicamente eran libros relativos a las santas escrituras cristianas, aunque no necesariamente de carácter canónico como suele definirse a los libros de la ortodoxia romana. ¿Cuáles son y que características poseen las escrituras que se han conservado del catarismo? Veamos pues los distintos textos doctrinales utilizados por los cátaros que han llegado a nuestros días y que en resumidas cuentas son los siguientes:

– La Biblia Cátara de Lyon que consiste en una versión íntegra del Nuevo Testamento escrito en lengua vernácula occitana a principios del siglo XIII.

– Los Rituales de Lyon y Florencia, el primero en occitano y el segundo en latín y que describen las prácticas litúrgicas como el consolament , servisi, melhorament…

– El Ritual de Dublín, que contiene una exégesis del Padrenuestro y un sermón sobre la Iglesia de Dios por parte del obispo al nuevo candidato para el consolamentum.

– Tratado Cátaro Anónimo, recogido en la obra Contra Manicheos atribuida a Duran de Huesca en el siglo XIII, famoso polemista contra el catarismo, y que recoge una recopilación de citas comentadas bajo una perspectiva dualista cristiana.

– El Libro de los dos Principios o Liber de duobis Principiis, tratado de teología escrito por Juan de Lugio o un discípulo suyo de la iglesia italiana de Desenzano en el siglo XIII, donde se demuestra la existencia de dos principios coeternos y opuestos.

– La Cena Secreta del Reino de los Cielos Interrogatio Iohannis, apócrifo bogomilo de origen eslavo, fechado en torno al siglo XI y que refleja el diálogo entre el apóstol Juan y Jesucristo sobre los mitos del dualismo, de la caída de los ángeles, la creación del mundo y del hombre, el poder del Demiurgo, la misión de Cristo y otros.

– La Visión de Isaías, otro apócrifo de tradición antigua vetero-testamentaria que ofrece trazos comunes con los Libros Henoch esenios o de corte cabalístico abordando la subida de Isaías a través de los siete cielos y que fue extraído de un apócrifo cristiano del siglo II llamado La Ascensión de Isaías.

La Biblia càtara de Lyon es un manuscrito medieval redactado en su totalidad en lengua occitana que se puede fechar alrededor del año 1250. Fue encontrado en la Biblioteca de la Academia de las Ciencias, Letras y Artes de Lyon. Tal manuscrito traducido sigue las pautas del Nuevo Testamento canónico de la iglesia romana aunque resulta evidente pensar que la exégesis cátara o propia interpretación sometía el texto a una perspectiva exclusivamente mística, no tomando al pie de la letra los relatos expuestos. En cuanto a los dos Rituales de Lyon y Florencia junto con el de Dublín que han llegado hasta nosotros nos muestran cómo las partes esenciales de los distintos rituales cátaros presentan un carácter arquetípico y arcaico que los acerca a los rituales y antiguas costumbres de la iglesia primitiva, muy especialmente al catecumenado, al bautismo del espíritu y a la ordenación. De tal manera, el ritual occitano afrima respecto al consolamentum las siguientes palabras: Este santo bautismo lo ha guardado la Iglesia de Dios desde los apóstoles hasta hoy y ha sido transmitido de buenos hombres a buenos hombres hasta este momento.

En cuanto al Tratado cátaro anónimo recogido y refutado por Durán de Huesca en su obra Contra Manicheos, está compuesto por un sucesión de citas evangélicas a modo de argumentos para utilizarlos en las controversias y disputas teológicas (auténticos duelos oratorios en toda regla), que hubo entre los herejes y los eclesiásticos romanos entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII, antes de estallar la Cruzada albigense (una de las más significativas fue la de Lombers en el año 1165). El tratado rezuma una visión dualista del Evangelio ya que se centra en la doctrina de los dos principios o creaciones: de un lado el reino espiritual (regnum celeste, regnum Christi et Dei, creatio bona y otros.) obra del verdadero Dios y del otro, el mundo malvado y material (mundos malus, creatio mala, praesens creatio, etc.) obra del “Dios malvado”. Para el autor cátaro lo que se trata es la búsqueda de la redención de las almas caídas en el mundo corrupto, las cuales a través de un sistema de reencarnaciones sucesivas y gracias a la gnosis o Entedensa del Be(Entendimiento del Bien), puedan lograr el acceso a la eternidad. En cuanto al famoso Libro de los dos principios que viene a ser el más importante del catarismo fue escrito en el año 1240 en latín en la Lombardía italiana. Con más énfasis que el anterior Tratado Anónimo descrito, dicho libro compuesto por el perfecto cátaro Juan de Lugio, o quizás por un discípulo suyo, viene a ser un ensayo escolástico donde se traza de forma racional, las bases de un dualismo absoluto que se hallan reflejadas de manera velada en las Santas Escrituras. Dicha exposición sigue el rigor didáctico que solían utilizar los teólogos cristianos romanos en las universidades medievales europeas en sus controversias teológicas. Los planteamientos del tratado de Juan de Lugio no carecen de coherencia y rigor según los especialistas ya que son los típicos del dualismo absoluto, que se basan en la existencia de dos mundos contrarios, el eterno y el temporal, emanaciones ab aeterno de Dios y el Mal.

Veamos los dos apócrifos utilizados por el bogolismo y el catarismo. Respecto al libro La cena secreta del Reino de los Cielos o Interrogatio Iohannis, nos presenta, bajo la fórmula de un diálogo ficticio entre Cristo y su discípulo Juan, una auténtica cosmogonía revelada relativa a la organización del mundo celeste. Dicho libro explica asimismo la creación del mundo visible y del ser humano, así como la historia de la humanidad en época del Antiguo Testamento y la posterior venida de Cristo como revelador de los conocimientos para logar la redención al final de los tiempos.

Se supone que La visión de Isaías fue escrito entre los años 100-150 d.C. en lengua griega. Dicho libro engloba una antigua versión conocida como La Ascensión de Isaías que pudo ser escrito con anterioridad, a finales del siglo I, entre los años 88-100 d.C. Curiosamente, La visión de Isaías llegó a ser conocida también por Orígenes, padre de la iglesia que casi llegó a ser declarado hereje en las posteriores y famosas controversias origenistas, así como por la herejía arriana de notable arraigo entre los pueblos ostrogodo o visigodo y posteriormente, por la corriente gnóstica de los priscilianistas del siglo IV, ubicados principalmente en las tierras del norte hispánico romano.

Todos estos documentos, en principio, serían la totalidad de las escrituras cátaras conocidas hasta la actualidad. Pero además, debemos tomar en cuenta también los archivos de la Inquisición, reunidos en la colección de los llamados Fondos Doat y forzosamente, otras obras de menor rango donde la doctrina cátara se ve reflejada como son los escritos literarios siguientes: La leyenda de Barlaam y Josafat, El viaje de San Patricio al purgatorio, El poema de Boecio, Las visiones de Tendal y San Pablo, algunos Apólogos o Exempla como el conocido exemplum del Pelícano que fue tomado originariamente de los antiguos bestiarios de tradición griega y latina, y finalmente otras composiciones de los trovadores provenzales y catalanes.

LOS RITOS DEL CATARISMO

La doctrina cátara propugna un retorno a los orígenes del ritual primitivo cristiano en base a una adecuada relectura de las Sagradas Escrituras lo que implica una drástica reducción ceremonial en el que se representaba el gran drama cósmico de la caída de las almas en el mundo material. Por tanto, los ritos de las ceremonias cátaras se basaban en enseñanzas herméticas que procuraban poder acceder a las más profundas y transcendentales realidades del ser humano. Veamos pues, a continuación, cuáles fueron propiamente los rituales del catarismo.

La tradición del rezo del Padrenuestro, que solamente estaba permitido a los investidos o perfectos, era muy importante dentro del catarismo y tal como era de suponer, enfatizaron el carácter dualista del Padrenuestro a través del añadido o complementario Comentario exegético (comentario interpretativo) en el que está recogida de forma exhaustiva una gnosis descriptiva del mundo divino, descrito como una jerarquía ascendente o descendente de siete substancias (cielos) a través de las cuales se expresan las relaciones entre Dios y su creación. Todo ello nos lleva a la evocación del Pleroma (la Unidad inicial de la que emanan todas las existencias) de algunas gnosis primitivas, como la de la escuela valentiniana, con sus series de eones (seres o inteligencias divinas emanadas de la Unidad suprema que ponen en relación la materia y el espíritu) que configuran un mundo intermedio entre Dios y la creación. El texto refleja como contrapartida la existencia de una jerarquía diabólica paralela llamada caridades extranjeras (stragnas caritas). En cuanto a los creyentes, éstos podían rezar otra especie de oración dominicial que era un sustituto del Padrenuestro.

El rito sagrado y esencial del catarismo se fundamentaba en el consolamentum de ordenación que siempre iba precedido por el rezo del Padrenuestro y que en realidad es el auténtico bautismo espiritual de los perfectos puros, en oposición absoluta con el bautismo de agua ya que es un elemento material. Era realizado mediante el ceremonioso acto de imposición de manos, de acuerdo con antiguos ritos conservados dentro de la comunidad primitiva cristiana. Revestía un carácter altamente sagrado y para los neófitos venía a significar su entrada en las órdenes cátaras, tras un intenso periodo de instrucción que podía llegar a ser en torno a cuatro años y conllevaba la renuncia expresa a los principios mundanales o materiales. Dentro de la tradición evangélica es similar al hecho descriptivo del bautismo de fuego que los apóstoles recibieron en Pentecostés, cuando el espíritu de Dios o Paráclito descendió sobre ellos en forma de lenguas de fuego. De esta manera, el neófito bautizado encamina su alma hacia el reino de Dios donde habitan los buenos y puros espíritus celestiales. En cuanto al también descrito consolamentum de los moribundos se aplicaba solamente a los creyentes en estado moribundo que les aseguraba una remisión de sus pecados si bien no les garantizaba la salvación. Si el consolado escapaba a la muerte dicho consolamentum perdía todo valor, y si quería convertirse en un perfecto auténtico debía prepararse para recibir el consolamentum de ordenación mucho más difícil de obtener.

Otros ritos de menor medida a destacar son: el aparelhamentum conocido también como servisi o penitencia que era la confesión abierta realizada en determinados actos rituales de los perfectos ante su diácono o el obispo, siendo infracciones de tipo venial ya que las graves eran objeto de confesión secreta y solían acarrear la pérdida del grado de perfecto. Otro ritual característico era el beso de la paz realizado al final de las ceremonias u oraciones y que nos recuerda su uso todavía vigente en la iglesia ortodoxa en nuestros días.

Otro ritual realizado en las casas de los cátaros y que era presidido por el prior o priora de la domus hereticorum” (llamado ancia entre los hombres y domina o anteposita entre las mujeres), era la bendición del pan, efectuada habitualmente en el almuerzo del mediodía y la cena durante el cual se repartía el pan y el vino. Este pan bendito era la representación del pan suprasubstancialque se recitaba en el Pater Noster y hacía referencia a la ley predicada por Jesucristo. Este ritual era parecido a la eucaristia (acción de gracias en griego), pero carecía de carácter sagrado como ocurre con los católicos ya que para los cátaros simplemente representaba un recuerdo del mensaje de Cristo. Por otra parte, el melhorier o en latin melioramentum (mejoramiento), era la única obligación que tenían los creyentes hacia los máximos representates de la iglesia cátara efectuándose mediante tres genuflexiones ante el encuentro de un perfecto al que se le testimoniaba un profundo respecto, por ser portador del Espírtu Santo que habita en su interior, solicitándole la bendición y la intercesión de Dios. Tal ceremonial también era conocido por los inquisidores con el nombre de Adoratio (Adoración). Asimismo, otro ritual que religaba al creyente con la jerarquía cátara era la convenenza (convenientia), por la que un creyente convenía con los perfectos el poder recibir el consolamentum de los moribundos en su última hora, excluyendo la obligación de recitar la oración del Pater Noster.

La existencia y práctica de todos estos ritos descritos sirvieron de forma radical para que la Inquisición pudiese realizar contundentes pruebas de cargo contra los cátaros y sus creyentes. De esta manera por la simple adoración hacia los perfectos o por asistir a sus sermones el creyente podia ser penalizado con el mur o prisión; además, si dichos creyentes participaban del acto del beso de paz, la pena podía elevarse a mur estricte (prisión prolongada) y si participaba en la bendición del pan entonces era declarado practicamente como un hereje, siendo condenado al mur estrictisimus (prisión perpetua a pan y agua hasta la muerte). Como colofón, recordemos que a los declarados expresamente herejes perfectos (hereticus perfectus), el acto punitivo que recibían era ser quemados en la hoguera.

LAS BASES DOCTRINALES

La enseñanza doctrinal del catarismo no solía realizarse a sus fieles sistemáticamente mediante un manual o un seminario de teología, ya que tal “modus operandi” solamente se solía utilizar en las disputas contra los clérigos católicos. Básicamente el catarismo se presentaba como una religión propiamente cristiana, es decir, como un Orden establecido gracias al cual la salvación del creyente estaba garantizada. Toda su apologética era expuesta al neófito de manera sucesiva en el devenir del tiempo con un claro mensaje en lengua vulgar basado en la lectura o interpretación adecuada del Nuevo Testamento. A través de dichas enseñanzas es fácil detectar cómo la doctrina cátara en su vertiente metafísica o espiritual está impregnada de dualismo y gnosticismo. Veamos pues un resumen de las bases doctrinales de la Iglesia cátara.

En relación al dualismo cristiano o la Doble Creación; para el catarismo en el comienzo de los tiempos no exitía sólo un principio, sino que existían dos principios: una deidad absolutamente buena que detenta el amor, la pureza y el bien; y otra deidad, a quien hay que imputar todo el mal que encierra el universo. Estas dos creaciones contrapuestas se entremezclaron para producir el mundo que conocemos y, muy especialmente, convergen en la creación de la humanidad. Estos dos principios creadores (omnia bona y omnia mala), no se pueden considerar en un plano de idéntica igualdad ya que sólo la deidad del bien posee una plenitud esencial, mientras que la deidad del mal se halla ontológicamente (metafísicamente) degradada ya que se suele identificar con la nada (el controvertido nihil cátaro). En base a dicho planteamiento inicial (oposición ser-nada), surgirán dentro del catarismo dos grandes corrientes: el “dualismo absoluto” que fue la doctrina principal del catarismo y el “dualismo mitigado” que fue la corriente menos representativa.

De tal modo habría que preguntarse ¿Cómo el Dios del bien, pudo permitir la existencia del mal? En realidad, resulta difícil comprender lo que los cátaros entendían exactamente por el Dios del mal. Lo que sí aparece de un modo claro para los cátaros es que el mal se halla asimilado a la nada, de la cual sostenían que es nuestro mundo material visible que para ellos es ilusorio y engañoso ya que está configurado externamente de la sustancia perenne divina. El catarismo sostenía que la primigenia emanación espiritual había sido desvirtuada y degradada por la creación material de forma temporal, es decir, por un principio de corrupción y de negación distinto de Dios. Con todo, jamás llegaron a concebirlo con igual poderío que Dios ya que el mal era considerado por ellos como potestas non vera. De tal modo la lucha entre los dos principios está ganada de antemano por el Dios del bien y no por el principio del mal que es descrito como una esencia caótica. Pero, aún así, el mal no será destruido, a pesar de ser vencido, ya que continuará existiendo en su gehena (ámbito donde el mal será confinado). De ahí la afirmación por parte de los cátaros en relación al carácter eterno de los dos principios.

En cuanto a la gnosis cátara que procura la salvación para el ser humano ha de ser considerada como un camino de conocimiento que pretende dotar a la condición humana de un discernimiento total de orden cosmológico y teológico. Dentro de dicha perspectiva el destino espiritual del hombre o la mujer consiste en eliminar la parte de mala creación o el mal que existe en su persona para identificarse exclusivamente con la buena creación o el bien. Existe, pues, en el ser humano una lucha continua entre la libertad propugnada por la eternidad y el libre albedrío de la negación o temporalidad. La obra divina no consiste en crear seres libres de hacer el bien o el mal, sino seres que estén en la necesidad de no impregnarse de mal. De tal manera, a través de la experiencia del mal y del dolor, las almas humanas se adhieren entonces a Dios, como se adhiere a una verdad por fin reconocida, por el espíritu y por el conocimiento. La definitva adquisición de la entendensa del bé (entendimiento del bien) era el camino correcto del discernimiento espiritual.

La reencarnación resulta ser otro de los capítulos doctrinales más peculiares del catarismo. Ante la pregunta de cómo el ser humano logrará la salvación, el catarismo procura una variada diversidad de enseñanzas antropológicas y soteriológicas (rescate). En ellas afirma que la salvación del género humano conlleva sucesivas reencarnaciones en el mundo material. La muerte sólo libera de forma provisional al alma de las cadenas que atan en el mundo material. Por tanto, la salvación definitiva para el alma del ser humano sólo es posible si se logra el acceso al estado de perfecto mediante el bautismo del espíritu o el consolamentum de ordenación. A través del mismo se opera una reunión mística del alma, que todavía es esencia temporal, ya que se halla aprisionada en la carne, con su espíritu superior que es esencia eterna y que mora en los espacios divinos desde aquel momento in illo tempore, en que se produjo la caída en el mundo material. Una vez que se haya alcanzado esta reunión mística de forma individual por parte de cada perfecto se ha de esperar el defnitivo momento de la resurrección (rescate) de todas las almas colectivas de la humanidad.

En relación a la condición del ser humano el catarismo defendía la triple composición del mismo dividido en cuerpo, alma y espíritu. La gnosis cátara procuraba la unión mística entre el alma y el espíritu, ya que el cuerpo es un mero instrumento transitorio sujeto a albergar temporalmnte el alma y a descomponerse tras la muerte física. Los cátaros distinguían una composición dual del alma ya que es el mundo de la entremezcla o frontera mutua donde los dos principios (el bien y el mal) se encuentran, se enfrentan y se limitan uno al otro. Es la precisa representación metafórica del Salvador-Salvado. El alma humana no puede ser salvada del mal más que en la medida que sea necesario que sea retomada por Dios como su bien propio, es decir, como una esencia angélica o espíritu perenne a recrear en toda su pureza. La ley eterna, exige que sea de nuevo unida a Dios, como los rayos de la luz solar están unidos al Sol.

Como colofón veamos la importancia de Jesucristo en la metafísica cátara. Aparece más bien como el alma universal y, por consiguiente, como el salvador de las almas caídas en el mundo material. La mayor parte de los cátaros creían que su verdadera misión había sido cumplida en los mundos superiores, cuando se produjo la incursión de Satán en el cielo, y que esta misión había consistido para él en sacrificarse al mal. Desde toda la eternidad, estaba previsto que la divinidad se sacrificaría en el hombre primordial para que el hombre pudiese retornar al Espíritu. Es por eso que los cátaros sostenían, con razón, que Cristo no era otro que este hombre primordial Salvador-Salvado, que se ofreció en el mismo principio de la manifestación en sacrificio a las entidades malignas. De esta manera creen que Cristo es un ángel del Padre celestial de naturaleza inferior a Dios y con connotaciones docetistas ya que consideran la encarnación de Cristo en nuestro mundo, sólo en apariencia a través de su adepto Jesús. El papel de Cristo, mediante la figura de Jesús, fue primordialmente el revelar a las almas humanas nuestra verdadera esencia eterna y espiritual y mostrar a través de la gnosis o discernimiento el autocamino de la salvación individual para cada ser humano. Hay que reconocer que las creencias del catarismo concuerdan con el ejemplo de la vida de Jesús y las enseñanzas que dio: no-violencia, sino amor puro, rechazo en utilizar el mal o la fuerza para resistirse contra el mal, voluntad santa de responder solo con el sacrificio a las acometidas del maligno. Todas estas virtudes, los cátaros las llevaron a la práctica con todas las consecuencias que requería tal compromiso.

EL CATARISMO, AUTÉNTICO DILEMA CRISTIANO (ORTODOXIA O HETERODOXIA)

En el momento actual que estamos transitando, desde finales del siglo XX a principios del siglo XXI, los hallazgos relativos a los orígenes del cristianismo y del judaísmo a través ya sea de la Biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi (heterodoxia cristiana) así como de los Manuscritos del Mar Muerto de la corriente esenia (heterodoxia judía), han abierto perspectivas inusitadas para poder comprender finalmente todo el devenir y acontecer de la religión judeo-cristiana.

De tal modo, hoy en día podemos aseverar que, independientemente de los distintos cristianismos ortodoxos y oficiales que han sobrevivido hasta nuestros días, hubo otras corrientes cristianas antagónicas que perecieron en el transcurso del tiempo por diferentes causas. Entre ellas destacaremos las diversas corrientes gnósticas de los primeros siglos de nuestra era que fueron perseguidas por la implantación del cristianismo romano en el seno del Imperio romano y el posterior resurgir del bogomilismo y catarismo medieval siendo ambos expresamente defenestrados.

La religión cristiana de los cátaros en tierras occidentales europeas o la de los bogomilos en tierras orientales europeas, resultan ser un auténtico dilema dentro de la gran historia del cristianismo ya que nos aportan conceptos soterrados del mensaje crístico de dicha primitiva comunidad surgida en tierras lejanas de Medio Oriente (Palestina o Israel). Ello nos sitúa en un auténtico dilema: ¿Cuál fue el auténtico mensaje de Cristo? ¿Cuáles son las auténticas fuentes del cristianismo primitivo? ¿Existe realmente una ortodoxia y una heterodoxia del cristianismo? Todo ello conllevaba difíciles respuestas. Pero lo que si podemos afirmar, a partir de un estudio exhaustivo del catarismo, es que dicha corriente religiosa nos aporta un magisterio espiritual que enlaza con las tradiciones iniciáticas de los ritos antiguos y mistéricos de la humanidad y que sus enseñanzas pretenden ser, según ellos afirmaban, las auténticas doctrinas que fueron impartidas por Jesucristo a sus apóstoles.

BIBLIOGRAFIA

 

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