BERLÍN, EL REGRESO

BERLÍN, EL REGRESO

Berlín es una de las capitales más prestigiosas de Europa, también es una de las más “jóvenes” con menos de 800 años de existencia. Su nombre evoca trascendentes hechos históricos y hoy es un potente centro cultural y económico. Ciudad abierta, dinámica y cosmopolita ofrece una de las más atractivas propuestas de vida urbana

Por Josep M. Roselló

LOS ORÍGENES
La actual ciudad de Berlín se erige en el corazón geográfico del estado alemán de Brandeburgo (Brandenburg), fronterizo con Polonia. El lugar que hoy ocupa la ciudad fue, hasta entrado el siglo XII, un espacio pantanoso y lóbrego donde el río Spree formaba lagos en sus rescoldos. A finales de ese siglo unos monjes establecidos en la región, recibieron el encargo del emperador Lotario III de encauzar el río, desecar el terreno y nivelarlo para crear en él una vasta área de cultivos que atrajera el interés de los agricultores. La finalidad era poblar la región, deshabitada y hasta entonces inhóspita. La tarea de consolidación del terreno fue ingente y duró décadas.

Un primigenio núcleo fundacional (así está considerado históricamente) junto al Río Spree, aparece registrado por primera vez con fecha de 28 de Octubre de 1237 bajo el nombre de Cölln y agrupado en una de las orillas del río. No sería hasta 1244 cuando aparecería en la otra orilla el nombre de Berlín. Los orígenes de este nombre son discutidos, pero la tesis más popular nos hace ver la palabra germana bern (oso), en probable alusión a la figura de Alberto I, primer duque de Brandeburgo apodado “el oso”. Relacionado con este personaje y la ciudad, estaba el lugar natal de este noble: Bernburg. Es probable que el nuevo barrio hubiera podido tomar el apodo o una deformación de ese topónimo y que tal vez, uno o otro derivaron en el actual “Berlín”.

Otras teorías nos hablan del nombre que recibía esta región mucho antes de que en ella apareciera ese núcleo fundacional, en referencia a una zona despoblada mencionada con una voz semejante a berl o algún derivado de ésta. Pero lo cierto es que el símbolo bien conocido de la ciudad, sigue siendo a día de hoy, la silueta de un oso rampante.

LA EXPANSIÓN
Al poco de su aparición, Berlín tomó la delantera en crecimiento y actividad y desde ese momento el nombre de Cölln fue perdiendo intensidad paulatinamente. Así, a finales de siglo XIII, Berlín empieza a experimentar una notable pujanza y al siglo siguiente ya es un centro de comercio. La cerveza elaborada en la ciudad cobra fama y es exportada a otras regiones y ciudades con el marchamo de ser un producto de calidad. A principios del siglo XIV apareció el primer puente que unía Cölln con Berlín; en la actualidad la ciudad posee nada menos que 933. En el siglo XV Berlín ya es el nombre con el que se conocerá a la ciudad.

Demos un salto en el tiempo para situarnos, ya en el Siglo XX, en el periodo de entreguerras, es cuando Berlín roza los 4 millones de habitantes. Se trata de una ciudad monumental, antigua capital de emperadores y monarcas y aún bajo la notable influencia de la altiva tradición prusiana. En esos años, todo el país atraviesa por momentos de graves dificultades al tener que pagar los costes de ser una nación perdedora de la Primera Gran Guerra. Con el advenimiento de Hitler al poder en 1933, la ciudad parece renacer. El nuevo canciller la reafirma como capital por su trascendente pasado histórico y planea notables reformas, entre ellas el “Proyecto Germania” una remodelada e impresionante nueva capital ideada por el arquitecto favorito del fhürerAlbert Speer.

Por lo visto, el megalómano dirigente no se encontró del todo a gusto con los berlineses, pues de todas las capitales alemanas, Berlín fue la que menos apoyo electoral brindó al jefe nazi, que había accedido al poder en unas elecciones democráticas.

TRAS LA GUERRA
En los años 20 y primeros de los 30 del pasado siglo, la ciudad retoma paulatinamente un notable auge cultural y su vida social, pretende rivalizar con el prestigio liberal y glamuroso de París o la distinguida altivez londinense; pero la guerra y los tristes hechos por todos conocidos que acontecieron con posterioridad, truncaron las aspiraciones de esta inquieta ciudad acostumbrada a una agitada y liberal vida social. El desenlce de la guerra y su balance final fue desolador para toda Europa, también para Berlín que se vio convertida en un urbano campo de batalla devastado. La apariencia de la antaño esplendorosa capital prusiana es ahora desalentador entre las ruinas y el drama; más para ella y sus habitantes, el fin de la guerra no significó la conclusión de situaciones terribles ni extrañas que aquí se iban a alumbrar y el mundo entero a contemplar con inquietud.

En 1945, los estados Aliados y la Unión Soviética dividen la ciudad en dos mitades, una quedaría bajo control soviético y la otra se compartimentó en sectores administrados por franceses, ingleses y norteamericanos. Desde ese momento las tensiones entre los dos bloques fueron constantes, inaugurando un peligroso período que se conoció como la Guerra Fría. Muchos berlineses residentes en el sector soviético no regresaban a sus domicilios porque huían a cualquiera de los sectores “libres”. A pocos años del fin de la guerra era evidente que el Berlín Occidental constituía un oasis, pegado al sector comunista y a su vez, encastrado en el territorio de la República Democrática Alemana (RDA) o Alemania Oriental; un estado policial y cuasi-paranoide, administrado bajo la órbita e influencia de la todopoderosa Unión Soviética.

En 1961, el gobierno de la RDA decide erigir un muro divisorio que separe la ciudad en las dos mitades acordadas tras la guerra; corta las líneas de metro y ferrocarril e impide a sus ciudadanos el paso al sector berlinés libre. Durante veintiocho años muchos berlineses orientales murieron o se jugaron la vida para pasar al otro lado huyendo del “paraíso” comunista ahora tras el muro; de esta forma, se consumaba un nuevo drama humano, consecuencia directa de la atroz Segunda Guerra Mundial y que perduró hasta la eufórica caída de ese muro en 1989. Ese mismo año el estado de la RDA se colapsó, incapaz de sostenerse así mismo sin la ayuda soviética, que a su vez, también se había convertido en un estado inviable. Al año siguiente el canciller de la Alemania Occidental Helmunt Köhl, alentó el proceso de reunificación alemana y a los 10 años de la caída del Muro, Berlín volvió a ser la capital administrativa y política de todos los alemanes.

BERLÍN HOY
El área urbana que hoy ocupa Berlín la hace ser una de las ciudades más extensas de Europa; tanto, que en realidad ya no es una sola ciudad, sino que es un conjunto de distritos urbanos (12), con sus propios ayuntamientos agrupados y constituidos como estado dentro de la República Federal Alemana; el Estado de Berlín. Ocupa un territorio de casi 900 kilómetros cuadrados y su máxima longitud de este a oeste es de 65 kilómetros y de norte a sur 45. En esta enorme conurbación habitan menos de 3,5 millones de personas, muchas menos que en otras megaciudades europeas como las mencionadas Londres o París de una densidad humana muy superior.

Berlín es desde hace tiempo, una de las grandes capitales culturales del planeta, sus museos albergan joyas históricas y artísticas que explican fragmentos trascendentales de la historia de la humanidad. Sus exposiciones, sus salas de arte y por ser cuna de movimientos literarios y de pensamiento de todas las épocas, la convierten en una ciudad vertiginosamente cosmopolita y abierta. Si a todo eso añadimos que su urbanismo es amable, reconducido hacia la practicidad y sin perder el encanto de su pasado, nos encontramos ante una propuesta de ciudad que contiene un gran equilibrio.

Sus palacios y edificios señoriales son un legado que rememora la grandilocuencia prusiana, reflejo de una grandiosidad que era la tarjeta de visita de esta ciudad, que ya antes de las grandes contiendas se postuló como una gran capital europea. Hoy, el nuevo urbanismo emergente berlinés, basado en la rotundidad fría y sencilla pero práctica del uso del cristal y el acero, está profusamente expresada en especial en el Mitte (corazón de la ciudad), que aspira, en los próximos años, a ser el gran centro neurálgico de la vida económica de esta gran país. Berlín no aglutina, como en otros estados de la República Federal, grandes centros industriales, pero con su capitalidad recientemente recuperada, aspira a convertirse en un importante centro de negocios europeo.

En ese sentido, Berlín cuenta con el respaldo de uno de los países más industrializados del mundo, generador –por tradición– de las tecnologías más punteras; la ciudad está llamada a ser una gran capital económica y financiera de Europa y una de las más influyentes del mundo, sin que ello signifique mermar el eficaz sistema descentralizado que la República Federal de Alemania ha sabido construir y mantener desde el fin de la guerra.

EL PORQUÉ DEL REGRESO
Hay tres elementos bien perceptibles que caracterizan Berlín y condicionan casi todas las perspectivas de la ciudad; su arbolado, omnipresente por todas partes, enaltecido por esa maravilla verde que es el Tiergarten, un gigantesco parque urbano de más de 200 hectáreas que recrea el bosque típico sajón; el agua del río Spree, que con sus ramificaciones cruza la ciudad-estado de este a oeste y el tren de superficie, con sus amplias estaciones y vías férreas elevadas por las que circulan los puntuales trenes urbanos y de cercanías, que agilizan notablemente el transporte público dentro y fuera de la ciudad.

Como toda gran capital, el espacio berlinés es tan amplio y diverso que se necesitan repetidas visitas o al menos una prolongada estancia para conocer y reconocer sus deliciosos patios internos con agradables restaurantes y tiendas; los infinitos recovecos de frondosa vegetación del Tiergarten; la elegancia sobria del distrito de Charlottenburg y su distinguida avenida, la Kufürstendamm (Ku’damm para los berlineses) o la decadencia contenida de la que antaño fuera zona comunista; la Unter der Linden, el precioso bulevar bajo los tilos o la impresionante y variada oferta museística que ofrece la ciudad. Pero también sus restaurantes, sus tiendas y todos sus distritos, mientras la vista se recrea con la visión elevada de la ciudad que nos ofrece su tren urbano.

A la vuelta de este viaje –a menos de tres horas de vuelo de Barcelona o Madrid–, uno tendrá la sensación de regresar de un lugar cercano, familiar, fácil de visitar, de ver y de vivir. Por todo ello y por lo que en todo viaje se queda sin ver, es muy probable que Berlín sea un destino al que regresemos en más de una ocasión.

ACERO Y CRISTAL (I); LA CÚPULA DEL REICHSTAG
El 19 de abril de 1999 quedó oficialmente inaugurada la remodelación del simbólico edifico del Parlamento Alemán, el Reichstag. Su elemento más característico es la cúpula de cristal y acero que descansa sobre la azotea del edificio, diseñada por el conocido arquitecto británico Norman Foster.

Pero para llegar a ese punto, el proyecto tuvo que superar numerosas vicisitudes, hasta el punto de que en nada se asemeja el resultado ahora visible con las propuestas que su autor presentó en un principio. Incluso, esta idea llegó a ser considerada un plagio de una propuesta presentada por el prestigioso y creativo arquitecto valenciano Santiago Calatrava, quien mucho antes ya había proyectado para ese propósito, la idea de una cúpula refractaria a la luz. Finalmente, Foster se llevó el concurso de la remodelación y lo que hoy podemos ver –y disfrutar–, es el producto de la ejecución de su obra a la que hay que reconocer calidad, interés y espectacularidad.

En el interior de la acristalada cúpula, una columna en forma de embudo recubierta por 360 espejos en forma de lamas, reflejan la luz natural hacia una claraboya dispuesta en el suelo, donde los rayos de luz iluminan la sala de plenos del Bundestag o Parlamento Alemán. El visitante puede disfrutar de magníficas sensaciones y mejores vistas sobre Berlín, accediendo por una rampa en forma de espiral ascendente que le sitúa bajo la cúspide de la cúpula, a unos 40 metros de altura, justo bajo un óculo abierto inspirado en la admirada y clásica idea del Panteón de Roma.

El acero y el hierro constituyen los dos elementos fundamentales y visibles característicos de las nuevas edificaciones que florecen en Berlín y también en otras latitudes de climatología similar. Es la respuesta a la estrategia ecológica del máximo aprovechamiento de la luz natural y al mayor ahorro energético posible, al menos hasta lo que la tecnología actual permite. Es así como el nuevo Berlín se va dotando de estas estructuras arquitectónicas donde la piedra solo es un elemento decorativo, casi testimonial, que sugiere una “textura visual” más cálida y natural que relaja la sensación de solidez del acero o el aluminio, y el aspecto frío y de tendencia cuadrangular de las grandes láminas de cristal, moderna piel de los edificios.

La ingeniosa cúpula se asienta sobre la azotea del remodelado Reichstag a una altura de 24 metros. Posee un diámetro de 40 metros y añade al edificio otros 23,5 metros de altura, aunque visualmente no cause esa sensación, pues visto de frente, la parte baja de la cúpula queda ocultada por el frontispicio del Reichstag. El peso total de este elemento es relativamente ligero, 800 toneladas. Está constituido por un armazón de 24 nervaduras verticales (naturalmente de acero), tensionadas por 17 anillos dispuestos en horizontal y concéntricamente de mayor a menor. Su superficie acristalada es de unos 3.000 metros cuadrados. La rampa interior ascendente, permite un paso de 1,8 metros de ancho y desarrolla una longitud de 228 metros hasta la cúspide de la columna central, que se convierte en un balcón-mirador a mas de 40 metros de altura sobre el suelo de la ciudad.

El acceso a la cúpula es lento; se trata de una visita emblemática y obligada y por lo tanto, muy concurrida. Tras guardar la preceptiva cola y tras un riguroso y lógico cacheo y control de entrada (semejante al de un aeropuerto), se asciende a la azotea a través de dos ascensores. La entrada es gratuita.

SONY CENTER
El 11 de Octubre de 1996 se puso la primera piedra del que tenía que ser el gran centro comercial que la firma japonesa Sony promovió junto a la berlinesa Postdamer Platz; el fin era albergar las oficinas de su sede central en Europa. Su ubicación era y siguie siendo emblemática, tanto en el ámbito de la capital alemana como en el europeo. Esta plaza fue uno de los centros urbanos más activo, comercial y social del continente. Durante el período de entreguerras, en ella se ubicaron edificios y firmas comerciales de notable importancia.

La Postdamer Platz ostenta el honor de ser el primer punto de Europa que dispuso de un semáforo que regulara el tráfico rodado en esta concurrida plaza, fue en 1924. Tras la Segunda Gran Guerra, la plaza, afectadísima por los bombardeos, sufrió la triste división de las dos mitades de Berlín y a ambos lados de ella dos mundos opuestos ejemplificaban la rivalidad que caracterizó los tiempos de la Guerra Fría.

El Sony Center es un espacio comercial de impactante visión. Alberga apartamentos, oficinas, salas de cine, restaurantes y tiendas. Se trata de una construcción elíptica con acceso abierto a su interior, dotado de un singular techo que nos recuerda las velas de una embarcación. Éstas, construidas en teflón, transmiten toda la sensación de ser un tejido que “amabiliza” la ya profusa combinación de acero y cristal, cada vez mas al uso en Berlín.

Su punto más alto se eleva hasta los 67 metros, y la luz de su techo ofrece un ancho máximo de 102 metros por 77. A su vez, éstas están montadas sobre un monumental anillo de barras de acero trenzadas que mantienen esa “mágica” cúpula con todo de lo que ella pende y se puede apreciar. Este anillo pesa 520 toneladas.

La autoría de toda esta genialidad corresponde al gabinete de arquitectura Murphy & Jahn, con sede en la ciudad de Chicago. Siendo Helmunt Jahn un presitigioso arquitecto alemán autor de otras obras insignes en su país, como la espléndida estación de ferrocarril acristalada de Dresden. Por la noche, el techo y sus velas cobran un especial protagonismo pues durante unos minutos, en ellos se refleja un carrusel de juego de luces que transfieren al conjunto una sensación espectacular.

 

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